Reflexiones para el Adviento

Vocalía de Formación. Agrupación de Cofradías y Hermandades de Jaén

Primera semana: “Estar alerta”.

San José estaba en todo momento abierto a la posibilidad de la llegada del Mesías, de cumplir su misión en la vida, nosotros debemos estar alerta a las señales de esa llegada y a las señales que nos ayuden a descubrir nuestra misión en la vida que es única y especial para cada uno de nosotros.

Lectura  (Mc 13,33-37)

“En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”

Reflexión

Comenzamos esta semana la cuenta atrás de nuestra espera. Han sido muchos días los que han pasado para volver a encontrarnos, de nuevo, a las puertas del nacimiento más esperado por todos los cristianos. Estas cuatro semanas que nos separan de la Navidad nos irán preparando para un nuevo inicio. Nos irán preparando para repensar, limpiar, reconducir,… Y, un año más, nos mantendremos vigilantes para estar despiertos cuando llegue el día del nacimiento de Jesús.

¿Estamos preparados para la vigilia que nos aguarda?
¿Estamos preparados para recibir a aquel que viene?
El adviento es un tiempo especial. El tiempo que nos prepara para hacernos un poco mejores y, quizá, un poco más felices. Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan sólo comenzada. Esto implica que los cristianos no miramos solamente a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir.

Segunda semana: “Llevar la carga”.

Llevar la carga, igual como tenemos que llevar nosotros nuestras vidas.

Lectura (Mc 1,1-8)

“Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: He aquí que envío delante de ti mi ángel, que preparará tu camino. Voz de quien grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos. Apareció en el desierto Juan el Bautista, predicando el bautismo de penitencia para el perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Llevaba Juan un vestido de pelos de camello, y un cinturón de cuero ceñía sus lomos, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo, ante quien no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”.

Reflexión

Estamos hoy en el segundo domingo de Adviento y tenemos que ponernos en marcha, seguir la senda que nos lleva a Belén.

Ponernos en camino significa hacer lo mismo que hizo Juan el Bautista; limpiar, barrer los caminos, quitar los obstáculos para que podamos caminar con soltura y sin ninguna dificultad.

Cojamos la vela, encendamos nuestra fe y seamos testimonios para que otros sigan la luz, pero para ello lo primero que tenemos que hacer es tener ánimo, confianza, fuerza y, sobre todo, ganas de llevar la vela encendida y que, en ningún momento, se apague aunque el viento sople en contra.

No nos quedemos parados, ni nos dejemos llevar por la comodidad o la cantidad de ofertas lúdicas que hoy se nos ofrece y que hacen perder el sentido de lo que significa Adviento.

¡Ponte en camino y no pares! Hagamos como San Juan Bautista, preparar el camino para recibir a Dios.

Tercera semana: “Saber rectificar errores” y “Fuera egoísmos”.

El posadero niega la ayuda o, más bien, da lo que le sobra sin que afecte a su vida, la primera postura supondría negarse a Dios y la segunda “UTILIZAR” a Dios, por ello debemos romper las ataduras del egoísmo y debemos saber reconocer que nos equivocamos y ser capaces de rectificar.

Lectura (Is 61 1-2ª. 10-11)

“El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh, me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahveh.

Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos. Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones”.

Reflexión

Las expresiones del profeta se refieren a la restauración de Israel tras el destierro. Se emplea el conocido recurso bíblico de representar la protección de Dios en la abundancia material y en los signos de riqueza (ropas de salvación, manto de justicia, diadema…)

Pero el texto se aplica directamente a Jesús especialmente por su principio: “A anunciar la buena noticia a los pobres…”, cita utilizada por el mismo Jesús para anunciarse como Mesías. Se utilizan por tanto estos textos de Isaías en un doble sentido: como anuncio mesiánico y como anuncio del carácter salvador del Reino, salvación para los pobres, alegría por la salvación de Dios.

Cuarta semana: “Estar disponible”.

María, nuestro modelo de Fe madura, dispuesta a “hacer la voluntad de Dios” que es la postura de quien quiere acoger a Jesús en su corazón.

Lectura (Lc 1, 26-38)

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios».

Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel dejándola se fue”.

Reflexión

Al igual que María tengamos un corazón abierto, acogedor, para que la Palabra habite en nosotros y nos ilumine el camino a seguir.  María nos enseña la humildad, la ilusión, la esperanza, la espera paciente y la aceptación de la voluntad de Dios.

Junto a María contestemos: «hágase en mi tu voluntad».