VENTANA DE FORMACIÓN 30. OCTUBRE 2019

Señor de la Piedad, bajo tu mirada humilde, nos exponemos a tu redención y a nuestras súplicas. Óyenos Señor.
Estrella, que el cielo iluminas con el dolor de una madre y tu piedad divina, alumbra nuestras súplicas con tu favor. Óyenos Señora.

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con la Ventana de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año. En esta ocasión, el mes de octubre viene marcado con dos citas, de diferente signo, que son sobresalientes en el discurrir anual de la cofradía.

La festividad de la Virgen del Rosario es en extremo importante para la hermandad, que no en vano es Hermandad Dominica y Cofradía de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Ntra. Sra. del Rosario y Santo Domingo de Guzmán. Por lo tanto es festividad de una de nuestras advocaciones, al que se le dará culto en el Triduo a Nuestra Señora del Rosario en la iglesia conventual de las RR.MM. Dominicas los días 4 y 5 de octubre (en horario de 20:00 horas) y el 6 de octubre (en horario de 12:00 horas), que culminará ese mismo día en la procesión que llevará a María a discurrir por las calles de nuestro Jaén y que saldrá de la capilla de la Inmaculada Concepción a las 18:00 horas. El día 7 a las 20:00 horas se celebrará la Fiesta a Nuestra Señora del Rosario.
Cambiando el signo de celebración, pasamos de la religiosa a la profana. En el mes de octubre nuestra ciudad celebra el día de San Lucas, reminiscencia de aquel Condestable de Castilla, Miguel Lucas de Iranzo, con unos días de feria en donde podremos disfrutar de la necesaria convivencia y hermanamiento en la caseta (la número 18) que nuestra Hermandad tiene instalada en el recinto ferial. Ocasión idónea de pasar por ella.

SIGNIFICADOS:
El Santo Rosario es un rezo tradicional que conmemora veinte «misterios» de la vida de Jesucristo y de la Virgen María, recitando después de anunciar cada uno de ellos un padre nuestro, diez avemarías y un gloria al Padre.
Siempre hay que empezar con un poco de historia: El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio (o libro de salmos) de los laicos. En esa época los monjes rezaban los 150 salmos, pero como la mayoría de los laicos no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 Padres nuestros. Después se formaron otros tres salterios que incluían 150 Aves Marías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María. En el año 1365 se combinaron los cuatro salterios. Se dividieron las 150 Aves Marías en 15 decenas y se puso un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios. En el año 2002 el Papa San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos. Con ello, se cuentan actualmente 20 misterios en el Santo Rosario. Esta es más o menos la historia del Santo Rosario. El significado más poético lo encontramos en la filología. La palabra Rosario significa «Corona de Rosas». Cada vez que se reza un Ave María, se le entregan una rosa a la Virgen y por cada Rosario completo se le entrega una corona de rosas. Así como la rosa es la reina de las flores, el Rosario es la rosa de todas las devociones y, por lo tanto, es la más importante. De ahí, que el Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque se meditan los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre.
El Rosario está compuesto por dos elementos: oración mental y oración verbal. La primera consiste en la meditación de los misterios. La oración verbal consiste en recitar las veinte decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María encabezadas por un Padre Nuestro. Es una oración simple, humilde como María y que podemos rezar con ella. Con el Ave María la invitamos a que rece por nosotros.
La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: la Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y le encomendó la tarea de propagar su devoción. Ésta cobró fuerza en la cristiandad tras la Batalla de Lepanto en 1571. El 7 de octubre de 1571 la Liga Cristiana se enfrentó a la flota musulmana en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. Antes del combate las tropas cristianas rezaron devotamente el Santo Rosario para vencer a un enemigo superior en número y buques de guerra y al final, los cristianos resultaron victoriosos. Como agradecimiento a la Virgen María, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de «Auxilio de los Cristianos». Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra actualmente el 7 de octubre, fecha de la batalla.

REFLEXIÓN:
Es el momento de pensar que el rezo del Rosario, no sólo es un acto de oración, una oración humilde como María, con su componente mental de recuerdo ejemplar, gracias a los misterios, de todos los momentos importantes en la vida de Jesús y María (“un resumen del Evangelio” como se ha llegado a describir), sino que es un rezo colectivo que da la fuerza de la unidad, cuyo origen es un claro ejemplo, esa unidad de todos los católicos, unidos en la misma fe, gracias a esta necesaria oración.

EVANGELIOS DEL MES DE OCTUBRE
El evangelio que nos ocupa este primer Domingo, día del Señor, es el de San Lucas 17, 5-10.
El evangelio de este domingo se toma de Lucas: un conjunto literario con dos partes: 1) el diálogo sobre la petición de los apóstoles para que aumente la fe de los mismos y la comparación con un pequeño grano de mostaza; 2) la parábola del siervo inútil. Lo primero que debemos considerar en este aspecto es que la fe no es una experiencia que se pueda medir en cantidad, en todo caso en calidad. La fe es el misterio por el que nos fiamos de Dios como Padre, ahí está la calidad de la fe; ponemos nuestra vida en sus manos. Por eso, la fe se la compara aquí con un grano de mostaza, pequeño, muy pequeño, porque en esa pequeñez hay mucha calidad en la que puede encerrarse, sin duda, el fiarse verdaderamente de Dios.
La parábola conocida como del “siervo inútil” no es una narración absurda. No es propiamente la parábola del siervo inútil, porque no es ese su sentido, sino del que acepta simplemente en su vida que es un siervo y no pretende otra cosa. Jesús quería partir de esta experiencia cotidiana para mostrar al final algo inusual: por ello, la vida cristiana no se puede plantear con afán de recompensa; no podemos servir a Dios y seguir a Jesús por lo que podamos conseguir.

La lectura del evangelio del segundo domingo de Octubre nos lo va a acercar el mismo evangelista. Es el de San Lucas 17, 11-19.
El relato de los leprosos curados por Jesús quiere enlazar de alguna manera con la primera lectura. No encontramos en el territorio entre Galilea y Samaría, cuando ya Jesús está camino de Jerusalén. Lo decisivo es la acción de gracias del extranjero samaritano, mientras que los otros, muy probablemente judíos (eso es lo que se quiere insinuar), al ser curados, se olvidan que han compartido con el extranjero la misma ignominia del mal de la lepra.
El samaritano, extranjero, casi hereje, sabe que si ha sido curado ha sido por la acción de Dios. Pero además, el texto pone de manifiesto que no es la curación física lo importante sino que, profundizando en ella, se habla de salvación; y es este samaritano quien la ha encontrado de verdad viniendo a Jesús antes de ir a cumplir preceptos. Quien sabe dar gracias a Dios, pues, sabe encontrar la verdadera razón de su felicidad.

Nos acercaremos al tercer domingo del mes con la lectura de San Lucas 18, 1-8.
El evangelio de Lucas sigue mostrando su sensibilidad con los problemas de los pobres y los sencillos. El mismo Lucas es el evangelista que más se ha permitido hablar de mujeres viudas en su evangelio. En lo que se refiere a la parábola que nos propone, no hay por qué pensar que se tratara de una viuda vieja. Eran muchas las que se quedaban solas en edad muy joven. Su futuro, pues, lo debían resolver luchando. Si a ello añadimos que la mujer no tenía posibilidades en aquella sociedad judía, entenderemos mejor los propósitos de Lucas, que es el evangelista que mejor ha plasmado el papel de la mujer en la vida de la comunidad cristiana primitiva y de la misma sociedad.
Nos podemos preguntar: ¿quién es más importante aquí, el juez o la viuda? Por una parte la mujer que no se atemoriza e insiste para que se le haga justicia. Pero también es verdad que este juez llega a convencerse que esta mujer, con su insistencia, puede llegar a hacerle la vida muy incómoda o casi imposible. Por eso al final, sin convencimiento personal, el juez decide hacerle justicia. La perseverancia puede conseguir lo que parece imposible. Pero si eso lo hacen los hombres injustos, como el juez, ¿qué no hará Dios, el más justo de todos los seres, cuando se pide con perseverancia?
Lo que busca la parábola, pues, es comparar al juez con Dios. Indirectamente se hace una crítica de los que tienen en sus manos las leyes y las ponen al amparo de los poderosos e insaciables. La verdad es que no podemos reducir el texto y la parábola a una cuestión reivindicativa de justicia. El final del texto es sintomático: “Dios hará prontamente justicia a los que le piden” Dios no dilatará el concedernos lo que le pedimos, Dios sí tendrá el corazón abierto a ello. Es una parábola para inculcar la “confianza” en Dios más que en los hombres y sus leyes.

En el cuarto domingo de Octubre nos adentraremos en la lectura de San Lucas 18, 9-14.
El texto del evangelio es una de esas piezas maestras que Lucas nos ofrece en su obra. Es bien conocida por todos esta narración ejemplar del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar. Los dos polos de la narración son muy opuestos: un fariseo y un publicano. Es un ejemplo típico de estas narraciones ejemplares en las que se usan dos personajes: el modelo y el anti-modelo. Uno es un ejemplo de religiosidad judía y el otro un ejemplo de perversión para la tradiciones religiosas de su pueblo, sencillamente porque ejerce una de las profesiones malditas de la religión de Israel (colector de impuestos) y se “veía obligado” a tratar con paganos. Es verdad que era un oficio voluntario, pero no por ello perverso. Las actitudes de esta narración “intencionada” saltan a la vista: el fariseo está “de pie” orando; el publicano, alejado, humillado hasta el punto de no atreverse a levantar sus ojos. El fariseo invoca a Dios y da gracias de cómo es; el publicano invoca a Dios y pide misericordia y piedad.
Pero la ceguera religiosa es a veces tan dura, que lo bueno es siempre malo para algunos y lo malo es siempre bueno. Lo bueno es lo que ellos hacen; lo malo lo que hacen los otros. El fariseo, en vez de confrontarse con Dios y con él mismo, se confronta con el pecador; El pecador que está al fondo y no se atreve a levantar sus ojos, se confronta con Dios y consigo mismo y ahí está la explicación de por qué Jesús está más cerca de él que del fariseo. El pecador ha sabido entender a Dios como misericordia y como bondad. El fariseo, por el contrario, nunca ha entendido a Dios humana y rectamente. El fariseo, que no sabe encontrar a Dios, tampoco sabe encontrar a su prójimo porque nunca cambiará en sus juicios negativos sobre él. El publicano, por el contrario, no tiene nada contra el que se considera justo, porque ha encontrado en Dios muchas razones para pensar bien de todos. El fariseo ha hecho del vicio virtud; el publicano ha hecho de la religión una necesidad de curación verdadera. Solamente dice una oración, en muy pocas palabras: “ten piedad de mí porque soy un pecador”. La retahíla de cosas que el fariseo pronuncia en su plegaria han dejado su oración en un vacío y son el reflejo de una religión que no une con Dios.

FRASES PARA REFLEXIONAR:
• La vida cristiana no se puede plantear con afán de recompensa
• Quien sabe dar gracias a Dios, sabe encontrar la verdadera razón de su felicidad.
• La perseverancia puede conseguir lo que parece imposible.
• Ten piedad de mí porque soy un pecador.

Un fraternal saludo en el Señor.