Ventana de Formación. Nº3. Diciembre 2016

EDITORIAL

Este mes de Diciembre viene cargado de festividades para todos nosotros. Comienza el mes, celebrando el día 8 la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. En esta fiesta, contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, reconozcamos también nuestro destino verdadero, nuestra vocación más profunda, ser amados, ser transformados por el amor, ser transformados por la belleza de Dios. Mirémosla a ella, nuestra Madre, y dejémonos mirar por ella, para acoger el tierno abrazo de su Hijo Jesús, un abrazo que nos da vida, esperanza y paz.

El día 25 celebramos la Natividad del Señor, Jesús ha venido para librarnos de las tinieblas y darlos la luz. Jesús es el amor hecho carne.

Ya, casi en el último día del año, concretamente el día 30, tiene lugar la fiesta de la Sagrada Familia, Jornada por la Familia y por la Vida. El Evangelio nos presenta a la Sagrada Familia en busca de refugio en Egipto, ellos experimentan la condición de los refugiados, marcada por miedo, incertidumbre e incomodidades. Jesús quiso pertenecer a una familia que experimentó estas dificultades, para que nadie se sienta excluido de la cercanía amorosa de Dios. Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: permiso, gracia y perdón.

Evangelios del mes de diciembre

En el primer domingo la lectura del evangelio de Mateo (Mt 3,1-12), nos presenta a Juan el Bautista predicando en el desierto, diciendo “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Él anunció que estaba cerca el Salvador, el Señor, que estaba cerca el reino de Dios y proclama un bautismo de conversión para el perdón de los pecados y exhortaba a todos a convertirse. San Juan Bautista es el precursor inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino.

En el segundo, Mateo (Mt. 11,2-11) nos traslada la situación que podemos encontrarnos en esos tiempos corruptos, Juan, al igual que muchos judíos de la época, esperaba que el Mesías traería un juicio severo y violento sobre los pecadores; esto hace que dude de la identidad de Jesús. La lectura de hoy refleja esta duda cuando Juan, desde la cárcel, envía a sus discípulos a cuestionar su identidad mesiánica. Esta visita de los discípulos será la ocasión para precisar lo que Jesús nos trae. Una vez que los discípulos de Juan se han marchado, Jesús hace un sincero elogio de la grandeza de Juan y lo reconoce como el más importante de los profetas mesiánicos

En el cuarto domingo de adviento, (Mt, 1,18-24), San José tuvo la tentación de dejar a María, cuando descubrió que estaba embarazada; pero intervino el ángel del Señor que le reveló el diseño de Dios y su misión de padre putativo; y José, hombre justo, “tomó consigo a su esposa” y se convirtió en el padre de la familia de Nazaret. María y José escriben una historia de amor única e irrepetible porque ambos se fían de Dios. A nosotros nos invitan a confiar más en su gracia que en nuestras cualidades, más en sus planes que en los propios.

Este año coincide el último domingo de diciembre con la Natividad del Señor. Este es un día de gozo, en que Dios semanifiesta al mundo como un Niño necesitado de todo, para que nosotros le acojamos. En la misa del día el evangelista Juan (Jn, 1,1-18) nos aporta su testimonio apasionado de ese humilde pescador que, atraído en su juventud por Jesús de Nazaret, en los tres años de vida común con él y con los demás Apóstoles, experimentó su amor -hasta el punto de definirse a sí mismo “el discípulo al que Jesús amaba”-, lo vio morir en la cruz y aparecerse resucitado, y junto con los demás recibió su Espíritu. De toda esta experiencia, meditada en su corazón, san Juan sacó una certeza íntima: Jesús es la Sabiduría de Dios encarnada, es su Palabra eterna, que se hizo hombre mortal.

Cada hombre y cada mujer, necesita encontrar un sentido profundo para su propia existencia. Y para esto no bastan los libros, ni siquiera las Sagradas Escrituras. El Niño de Belén nos revela y nos comunica el verdadero “rostro” de Dios, bueno y fiel, que nos ama y no nos abandona ni siquiera en la muerte.

PARA REFLEXIONAR

¿Anunciamos a Jesucristo? ¿Progresamos o no progresamos en nuestra condición como cristianos?

¿Vamos por el camino de Jesucristo, el camino de la humillación, de la humildad, del abajamiento para el servicio?

¿Cómo voy a responder durante el Adviento a los que necesitan mi ayuda?

¿Somos capaces de crear y fomentar, en todo lugar y momento, un ambiente de acogida y alegría?

Tomemos conciencia para que en el día de Navidad ayudemos al prójimo en la necesidad que le surja.

Mostremos la alegría que el Señor nos ha dado y compartámosla con los demás, para hacerles llegar el amor de Dios.

VIVIR LA NAVIDAD COMO CRISTIANOS

En Navidad es fácil dejarse llevar por las prisas y olvidar lo importante. Para centrarse en la clave de estas fechas, el Papa ofrece una guía para no perder el norte. Dice que lo primero es hacer espacio para el Niño que va a nacer.

“En cada familia cristiana, como hicieron María y José, puede recibir a Jesús, escucharlo, hablar con Él, estar con Él, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestros corazones y en nuestros días al Señor”.

La Navidad es un tiempo para alegrarse y compartir esta alegría con fiestas, pero las comidas y las cenas no son lo más importante.

“No nos quedemos en que hemos organizado un festín y estemos todos contentos por este hecho. Aunque esto es bonito, no es lo único. Ahondemos más en nuestro sentido cristiano y demostremos al mundo la alegría que conmemoramos en estas fechas.”

Pero sobre todo, si algo no es la Navidad es una fiesta del consumismo desmedido. El Papa advierte contra este peligro en el que es tan fácil caer.

“Que la Santa Navidad no sea nunca una fiesta del consumismo comercial, de la apariencia, de los regamos inútiles, o del desperdicio superfluo. Si no que sea una fiesta de la alegría, de acoger al Señor en el pesebre y en el corazón.”

Y cuando el corazón está preparado y ha comprendido que la Navidad no es gastar sin sentido, el Papa explica lo que significa este tiempo del año.

“Esto es la verdadera Navidad: la fiesta de la pobreza de Dios que se despojó de sí mismo tomando la naturaleza de esclavo; de Dios que sirve en la mesa, de Dios que se esconde a los intelectuales y sabios y que se revela a los pequeños, sencillos y pobres.”