Ventana de Formación. Nº7. Abril 2017

EDITORIAL

Cuando os dispongáis a leer este medio de formación para todos los componemos nuestra Corporación, tal vez queden muy pocos día para celebrar, lo que consideramos todos los cofrades, el día más importante del año, dentro de nuestra intensa vida de Hermandad.

Vivamos este día con todo el entusiasmo que se merece. Acudamos a la misa preparatoria, en donde celebraremos la Eucaristía previa a nuestra Procesión Penitencial. Sin duda será un momento para encontrarnos con Jesús Sacramentado, para que nos de su fuerza para lo que vamos a celebrar durante la tarde del Domingo de Ramos.

Vivamos nuestra Procesión con Fe y Alegría, ya que es el mejor momento para reencontrarnos con Jesús hecho Piedad. Que podamos disfrutar de ese momento de oración y reflexión necesarios para acercarnos más a Él. Que clavemos nuestros ojos en ese gesto de ternura y en esa mirada materna de Nuestra Virgen de la Estrella. Ella nos conoce mejor que cualquier otro y nos transmite una mirada llena de compasión y de cuidado.

Que ese resplandor de los ojos de nuestra Estrella nos lleve a Dios, a Jesús hecho Piedad, que carga sobre sí nuestros sufrimientos, nuestras fatigas y nuestros pecados.

EVANGELIOS DEL MES DE ABRIL

Comenzamos, en el quinto y último domingo de Cuaresma con el evangelio de Juan (Jn. 11, 3-7.17.20-27.33-45), el cual nos narra el último milagro de Jesús. Jesús recibe la llamada de las hermanas de Lázaro: «Jesús, tu amigo, está enfermo». Jesús dice: «Ésta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado». Durante estos cinco domingos se nos ha invitado a la conversión, a volver nuestra vida a Dios. Que nuestra fe sea firme, como fue la de las hermanas de Lázaro. Jesús nos dice que la muerte no es el final, sino el camino hacia la luz, hacia la vida. No se puede razonar, sólo podemos creer en ella desde la fe y ésta tenemos que cultivarla, cuidarla para que cada día aumente.

El segundo domingo del mes de Abril, es DOMINGO DE RAMOS, día en el que el sacerdote nos relata la Pasión según San Mateo (Mt. 27,11-54). Con esta lectura, nos introduce plenamente en la Semana Santa. Nos relata el camino de la humillación a la que fue sometido Jesús. Veremos el desprecio de los jefes del pueblo y sus engaños para acabar con Él. Asistiremos a la traición de Judas, uno de los doce que lo venderá por 12 monedas. Veremos al Señor apresado y tratado como un malhechor, abandonado por sus discípulos. Escucharemos las tres negaciones de Pedro. Oiremos los gritos de la muchedumbre, pidiendo la libertad de Barrabás. Seremos testigos de cómo los soldados se burlaban de Él, vestido con un manto color púrpura y coronado de espinas. Y después de la vía dolorosa y a los pies de la cruz, sentiremos como se mofan de condición de Rey. Esta es la vida de Dios, el camino de la humildad. Es el camino de Jesús.

En este tercer domingo del mes de abril celebramos la misa del día de la Pascua. Pascua de resurrección que nos relata el evangelista San Juan (20,1-9). Este hecho debe calar fuerte en nuestro interior y darnos una actitud de misericordia, de perdón hacía aquellas personas que nos vilipendian, que no respetan nuestra forma de ser o actuar, y no debe resultarnos muy difícil si nos miramos en la figura de Jesús, que en la cruz perdonó a todos los que lo abandonaron, a los que le iban a quitar de vida.

El cuarto domingo celebración de la Divina Misericordia S. Juan (Jn. 20, 19-31), nos hace reflexionar acerca de la resurrección de Jesús, la paz y la fe. La Resurrección nos abre un nuevo camino, el camino de la esperanza, el camino de la vuelta a la vida. Un camino que Jesús nos marca con un saludo constante: LA PAZ SEA CON VOSOTROS, y ese debe ser el deseo de todos y para todos.

En el último domingo San Lucas (Lc. 24,13a,15-17a.19b-32), nos acerca el camino de Emaús convirtiéndose éste en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor. Jesús cada domingo nos explica las escrituras y vuelve a encender en nuestros corazones el calor de le fe y la esperanza, siendo la Comunión el momento en el que nos da fuerza.

PARA REFLEXIONAR

Para nosotros, los cristianos, la muerte no es el final, sino el camino hacia la luz, hacia la vida plena.

Con facilidad cambiamos el ritmo de la vida y pasamos de la luz a las tinieblas. Nos movemos por sentimientos pasajeros, prestando atención a la publicidad, al último que nos habla ¿Dónde están nuestras convicciones?

¿El perdón y la misericordia tienen un lugar preferente en nuestra vida, tal y como hizo Jesús con aquellos que lo insultaban y llegaron a condenarlo a la cruz?

LA CUARESMA ES EL CAMINO QUE NOS CONDUCE A LA PASCUA DE RESURRECCIÓN “¿POR QUÉ BUSCÁIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE. NO ESTÁ AQUÍ: HA RESUCITADO. JESÚS ES EL RESUCITADO, ÉL ES EL VIVIENTE”

EL TRIDUO PASCUAL

La conmemoración del Misterio Pascual, se inicia con la misa vespertina de la Cena del Señor, el Jueves Santo, y se prolonga durante el llamado Triduo Pascual, que culmina la víspera del Domingo de Resurrección.

La misa del Jueves Santo recuerda la institución de la Eucaristía como memorial, actualización sacramental, del sacrificio pascual del Señor Jesús por nosotros, la expresión más sublime de su Amor.

El Viernes Santo se centra en la Cruz, signo de la muerte del Señor. Este día proclamamos la Pasión de Jesús y adoramos el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo. La Cruz, para el cristiano deja de ser un instrumento de tortura para convertirse en signo de reconciliación. Se trata de una muerte victoriosa y fecunda. Así nos los recuerda el color rojo que se utiliza en la liturgia. Cristo vence al pecado y a la muerte desde su propia muerte de la Cruz. No se celebra la Eucaristía, como expresión de nuestro acompañamiento al Señor en el paso de su muerte, pero comulgamos en espera de la gran Eucaristía Pascual.

Durante el Sábado Santo, recordamos que el Señor esta ausente. Es en compañía de nuestra madre María con la que esperamos el momento de la Gloriosa Resurrección.

El culmen de nuestras celebraciones lo constituye la Vigilia Pascual. Celebramos con alegría la resurrección del Señor, pues en ella, todos hemos renacido a una vida nueva. Jesús es la luz del mundo que vence a las tinieblas y que ilumina a todos los hombres y mujeres en esta noche gozosa.