Titulares

  • Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su sagrada presentación al pueblo

Representa el pasaje evangélico narrado por el evangelista San Juan (Jn. 19, 4-5):  Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

  • María Santísima de la Estrella

San Juan en el Apocalipsis (12:1-9 )  dice: ”Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas»
La Virgen coronada de estrellasAve, maris Stella, dice el himno con que la ensalza la Iglesia: “Salve, Estrella del mar, Madre criadora de Dios, siempre Virgen, puerta del cielo”. La Virgen de la Estrella, Estrella de la nueva Evangelización y Luz del Tercer Milenio

  • Nuestra Señora del Rosario

La advocación de Nuestra Señora del Rosario es una devoción católica que honra a la Virgen María, específicamente relacionada con la oración del rosario a la que se ha asociado (en el año 1208 la Virgen María se le apareció a Santo Domingo y le enseñó a rezar el Rosario para que lo propagara) y con varias apariciones marianas a lo largo de la historia,  como las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en Portugal en 1917 y de la virgen de Fátima en Lourdes, que llevaba un rosario durante su aparición y Ella se identificó como «La Señora del Rosario», enseñando a unos pastorcillos a rezar el rosario diariamente, por la conversión de los pecadores. Es Patrona de la Orden de Predicadores, de Colombia y de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de España.

  • Santo Domingo de Guzmán

Fue un hombre emprendedor, predicador infatigable, fundador y organizador de la Orden de Predicadores. Un hombre sencillo con una profunda vida interior, de gran ecuanimidad y compasivo. Dejó un testamento de paz, como herederos de lo que fue la pasión de su vida: vivir con Cristo y aprender de Él la vida apostólica. Configurarse con Cristo, esa fue la santidad de Domingo: su ardiente deseo de que la Luz de Cristo brillara para todos los hombres, su compasión por un mundo sufriente llamado a nacer a su verdadera vida, su celo en servir a una Iglesia que ensanchara su tienda hasta alcanzar las dimensiones del mundo.