Ventana de Formación. Nº8. Mayo 2017

EDITORIAL

Feliz Pascua de Resurrección. Jesús está presente entre nosotros.

Casi sin darnos cuenta la Semana Santa se nos ha escapado de las manos y nos hayamos inmersos en este maravilloso mes de Mayo. Mes de María. Y nos podemos preguntar por qué es este mes el que ofrecemos a nuestra Madre. Os lo voy a intentar explicar.

Es una devoción popular arraigada desde hace siglos: con su poesía Ben vennas Mayo de las Cantigas de Santa María, Alfonso X el Sabio nos revela que ya existía en la Edad Media, al menos en España.

La Iglesia la ha alentado, por ejemplo concediendo indulgencias plenarias especiales y con referencias en algunos documentos del Magisterio, como la encíclica Mense Mayo de Pablo VI en 1965.

Este es el mejor mes que se puede dedicar a nuestra Madre, ya que mayo es el mes más bello como María es la mujer más bella, el mes más florido que conduce el corazón hasta ella, Palabra hecha flor.

EVANGELIOS DEL MES DE MAYO

Comenzamos el cuarto domingo de este tiempo pascual con el evangelio de Juan (Jn. 10,1-10) el cual nos trae la imagen del Buen Pastor. Y el Buen Pastor es aquel que cuida de sus ovejas, que busca a la extraviada, que cura a la herida y carga sobre sus hombros a la extenuada. Después de la solemne afirmación de que Él es el Buen Pastor, afirma Jesús que el buen pastor de su vida por las ovejas. Habla aquí el Señor de su Pasión, y muestra que iba a ocurrir para salvación del mundo, y que la sufriría voluntaria y libremente. Jesús dio su vida por los suyos, por amor a los suyos, en obediencia a la misión encomendada por el Padre, para que se forme un solo rebaño.

El segundo domingo del mes de mayo, quinto de Pascua, San Juan (Jn. 14,1-12). Nos habla que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Para el pueblo judío Dios es invisible y lejano, sin embargo, nosotros, los cristianos gracias a Jesús sentimos a Dios cercano y amoroso, porque Dios se ha hecho presencia entre los hombres a través de Jesús. Se ha hecho camino para que todos podamos llegar hasta el Padre y compartir con él nuestras alegrías, nuestras tristezas, en definitiva, nuestra vida. El hombre busca a Dios sin saberlo y Dios busca al hombre. El encuentro entre ambos se realiza en Jesucristo, por que Dios se encarnó para estar cercano y visible. Jesús es el camino que nos lleva al Padre. Buscamos continuamente la verdad, nos preguntamos dónde está la verdad y qué es. La verdad no está en la mentira, ni en el dinero, ni en la fama, ni en el poder, la verdad está en la humildad, en el servicio, en el conocimiento de la vida de Jesús y en su seguimiento. La verdad es Jesús que nos acerca al Padre. Vivir es respetar la vida, la nuestra y la de los demás, es trabajar por la dignidad de todos.

En el tercer domingo del mes el evangelio de San Juan (14,15-21), nos dice que para amar a Jesús tenemos que guardar los mandamientos y para esto tenemos el Espíritu, el cual nos será enviado. La fe requiere un compromiso mutuo, una responsabilidad, paciencia y, sobre todo, amor, mucho amor.

En el cuarto y último domingo, celebramos la festividad de la Ascensión del Señor, es el evangelista Mateo, (Mt. 28,16-20), quién nos narra este hecho. Cuando leemos el evangelio de este día, quizá pensemos que Jesús al ascender nos ha dejado, se ha ido excesivamente lejos, porque el cielo está demasiado lejano para nosotros. Sin embargo el cielo no es más que la comunión con Dios, volver a vivir en la plenitud, en la unidad con el Padre. Por eso, es tan importante tener fe, porque quien no la tiene no piensa en esa dimensión de la vida y vive más apegado a la tierra. Pero para el creyente, la fe es llegar a la meta, a la felicidad, al encuentro personal con Dios al que hemos conocido a través de Jesús

También deberíamos caer en la cuenta de que Jesús nos da fuerza, energía y ánimo para que llevemos la Palabra revelada, bauticemos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Con toda claridad nos dice que no estamos solos, que Él nos acompaña en esta tarea que nos ha encomendado y cada vez que celebremos la Eucaristía se hace presencia entre nosotros y somos nosotros los que le seguimos los que tenemos que dar testimonio de Él, de forma especial entre los más humildes, los más marginados, los más desheredados de la tierra.

PARA REFLEXIONAR

¿Qué camino seguir?, ¿dónde está la verdad?, ¿qué es y dónde esta la vida?

¿Somos nosotros también realmente camino, verdad y vida en la sociedad?

EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ DE MAYO

En España aparece en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes, poniéndola en relación con el relato del hallazgo por Santa Elena de la auténtica Cruz de Cristo. Este relato figura en los pasionarios del siglo X y puede resumirse así: En el sexto año de su reinado, el emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vincis (“Con esta señal vencerás”). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias. Enseguida envió a su madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y con torturas consiguió la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz a Judas (luego San Judas, obispo de Jerusalén). En el monte donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera las colocaron una a una sobre un joven muerto, el cual resucitó al serle impuesta la tercera, la de Cristo. Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo.