VENTANA DE FORMACIÓN 50. OCTUBRE 2021

Señor de la Piedad, gracias por tu piedad, gracias por tu misericordia, gracias por tu sacrificio, gracias por tu amor…
Estrella, gracias por tu desvelo, gracias por tu mediación, gracias por tu entrega, gracias por tus ruegos, gracias por tu amor…

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con las Ventanas de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año. Este mes representa una ocasión especial. Esta entrega de las Ventanas de Formación es la número 50. Un número redondo que nos llena de satisfacción. Con orgullo, podemos decir que estamos y estaremos a tu lado, pues es nuestra sola intención la de contribuir con nuestro pequeño granito de arena a hacer hermandad. Nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad, en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo de Guzmán ha contribuido en sus mil facetas diarias de cofradía a mantener viva la llama cofrade en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Unos tiempos, que gracias a Dios, comienzan a enseñarnos el final del oscuro túnel. Es por eso que hemos abierto esta Ventana con una humilde oración de gracias. Gracias extensibles a aquellas personas que han hecho todo lo humanamente posible para poder superar esta crisis mundial, sobre todo el personal sanitario. La vacuna ha venido a representar la gran esperanza en estos momentos oscuros. Gracias a los investigadores y científicos que la han hecho posible. Siempre estarán en nuestras oraciones.

Un gran momento para poner en práctica lo comentado será el Solemne Triduo en honor a la Virgen del Rosario, cotitular de nuestra Cofradía, que se celebrará los próximos días 1,2 y 3 de octubre a las 19:30 horas, en la Iglesia Conventual de la Purísima Concepción, presidido por el D. Francisco Javier Cova Martínez, sacerdote diocesano de Jaén. Otro momento idóneo será la Solemne Función Principal, a celebrar en el mismo día del Rosario, miércoles 7 de octubre, a las 19:30 horas, igualmente en la Iglesia Conventual de la Purísima Concepción. Por la ya consabida situación sanitaria que nos encontramos, la Junta de Gobierno ha decidido un año más suspender el Besamanos, la Verbena y la procesión de Ntra. Sra. del Rosario.

SIGNIFICADOS:
Se ha hablado de oración. Según la RAE es: “Conjunto de enunciados con que el creyente se dirige a Dios, a una divinidad, a un santo, etc., especialmente la que tiene una forma fija y establecida.” Es evidente que la oración es un diálogo entre Dios y las personas. El ser humano glorifica a Dios. A través de la oración se le da gloria, de lo cual el ser humano se beneficia espiritualmente. Mediante la oración se contempla a Dios, se le agradece, se le pide perdón y se le solicita su bendición y ayuda. La oración nos hace reconocer que somos hijos de Dios, de un Padre que nos ama y nos escucha con tanta atención que a pesar de nuestros límites sólo quiere que confiemos en Él. La oración sólo se entiende desde la humildad y tiene tanta fuerza que nos hace cambiar el corazón y nos hace comprender mejor cómo es Dios, un amigo que nos ama y nos convierte en humanidad nueva.
Es el momento idóneo combinar ambas ideas: oración y el origen de la celebración del rosario. El rezo del santo Rosario ha tardado mucho en formarse tal y como ahora lo conocemos. No fue ideado en un momento concreto, sino que es fruto de una larga evolución. Una evolución que aún no ha concluido. Todo comenzó, probablemente, en el siglo X. En el año 910 se fundó la Orden Cluniacense. Ésta le dio una gran importancia a la oración coral comunitaria. Quería que sus abadías fuesen un anticipo de la Jerusalén celestial, en la que los santos y los ángeles están continuamente cantando alabanzas a Dios e intercediendo por todos los seres humanos Por ello distinguieron entre dos tipos de monjas y monjes: los dedicados a la oración coral (que rezaban al día unos 150 salmos, dependiendo de las circunstancias litúrgicas) y los dedicados al trabajo manual. Éstos últimos solían ser personas sencillas e iletradas que se ocupaban de la cocina, la portería, la huerta u otros oficios. Pero era preciso que también orasen. Por ello algunos de estos monjes ‒y monjas‒ comenzaron a rezar individualmente 150 Padrenuestros al día, en lugar de los 150 salmos que rezaban los que asistían a la oración coral. Esta piadosa costumbre se fue difundiendo no sólo entre los cluniacenses, sino también entre otras comunidades religiosas, y entre sacerdotes y laicos.
San Bernardo de Claraval (1090-1153), difundió mucho la devoción a María como Madre, más que como Reina (que era lo normal desde el siglo V). Pues bien, en este contexto, las monjas y los monjes cistercienses van a reemplazar en el Rosario algunos Padrenuestros por Salutaciones de la Virgen María. Todavía no se había creado la oración del Avemaría, sino que se rezaba sólo su primera parte, la Salutación del ángel: «Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo»y algunos le añadían la segunda parte del saludo: «Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre».
A lo largo del siglo XIII se va extendiendo la costumbre de rezar tres cincuentenas de Salutaciones, es decir, 150 Salutaciones, en lugar de 150 Padrenuestros. Se crea así el «Salterio de María». Además, es en esta época cuando comienza a generalizarse el uso de «contadores», es decir, de rosarios, para poder llevar la cuenta de las Salutaciones que se van rezando.

EVANGELIOS DEL MES DE OCTUBRE
El evangelio que nos ocupa este primer Domingo, Evangelio: Marcos (10,2-16): La ruptura del amor no es evangélica
El evangelio de hoy nos muestra una disputa, la del divorcio, tal como se configuraba en el judaísmo del tiempo de Jesús. Para unos cualquier cosa podía ser justificación para repudiar, para otros la cuestión debería ser más sopesada. Pero al final, alguien salía vencedor de esa situación. Naturalmente el hombre, el fuerte, el poderoso, el que hacía e interpretaba las leyes. Pero a Jesús no se le está preguntando por las causas del repudio que llevaba a efecto el hombre contra la mujer, o por lo menos desvía el asunto a lo más importante. Recurrirá a la misma Torah (ley) para poner en evidencia lo que los hombres inventan y justifican desde sus intereses. Dios no ha creado al hombre y a la mujer para otra cosa que para la felicidad. ¿Cómo, pues, justificar el desamor? ¿Por la Ley misma? ¿En nombre de Dios? ¡De ninguna manera!
Por ello, todas las leyes y tradiciones que consagran las rupturas del desamor responden a los intereses humanos, a la dureza del corazón; por lo mismo. Jesús aparece como radical, pero precisamente para defender al ser inferior, en este caso a la mujer, que no tenía posibilidad de repudio, ni de separación o divorcio.

La lectura del evangelio del segundo domingo de octubre nos lo va a acercar el mismo evangelista. Evangelio: Marcos (10,17-30): El seguimiento, sabiduría frente a las riquezas
El evangelio nos ofrece una escena muy conocida: el joven rico y su pretensión de obtener la salvación (“heredar la vida eterna”). Es verdad que este texto es un conjunto no demasiado homogéneo. Los grandes maestros han pensado, no sin razón, que son varios textos en torno a palabras de Jesús sobre el peligro de las riquezas y sobre la vida eterna, las que se han conjuntado en esta pequeña historia. Es muy razonable distinguir tres partes: a) la escena del joven rico b) la dificultad para entrar en el Reino de Dios c) las renuncias de los verdaderos discípulos. Todo rematado sobre el dicho “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” . Las dos primeras tienen una conexión más fuerte que la tercera. No se trata de una enseñanza sobre el voto de pobreza de los monjes, sino de algo que afecta a la salvación para todos.
Entre las muchas lecturas que se pueden hacer, señalemos que no podemos olvidar como decisivo para entender este pasaje la llamada al «seguimiento» y tener un tesoro en el cielo. Jesús le propone otro camino distinto, un camino de radicalidad, que implica sin duda renunciar a sus riquezas. Es una llamada a hacerlo todo de otra manera, con sabiduría. De hecho, la escena nos muestra que si el joven cumplía los mandamientos y además era rico, no debería haberse preocupado de nada más. Las riquezas, poseerlas, amarlas, buscarlas es un modo de vida que define una actitud contraria a la praxis del Reino de Dios y a la vida eterna. Pensar que el seguimiento de Jesús es una opción de miseria sería una forma equivocada de entender lo que nos propone este historia evangélica. Este joven es rico en bienes materiales, pero también morales, porque cumple los mandamientos. ¿Es eso inmoral? ¡No! Pero esa riqueza moral no le permite ver que sus riquezas le están robando la verdadera sabiduría y el corazón.
Por eso tiene sentido lo que después le preguntarán los discípulos cuando Jesús hable de que es muy difícil que los ricos entre en el Reino de los Cielos; porque no son capaces de descodificarse de su seguridad personal, de su justicia, de su concepción de Dios y de los hombres.

Nos acercaremos al tercer domingo del mes con la lectura de Evangelio: Marcos (10,35-45): La propuesta de la gloria “sin poder”
El evangelio nos ofrece una escena llena de paradojas, en las que se ponen de manifiesto los intereses de sus discípulos y la verdadera meta de Jesús en su caminar hacia Jerusalén. El texto tiene dos partes: la petición de los hijos del Zebedeo y la enseñanza a los Doce. Es un conjunto que ha podido componerse en torno al seguimiento y al poder. De la misma manera que antes se había reflexionado sobre el seguimiento y las riquezas, en el marco del “camino hacia Jerusalén”.
Pensaban los discípulos que iban a conseguir la grandeza y el poder, como le piden los hijos del Zebedeo: estar a su derecha y a su izquierda, ser ministros o algo así. Incluso están dispuestos, decían, a dar la vida por ello; la copa y el martirio es uno de los símbolos de aceptar la suerte y el sufrimiento y lo que haga falta. Sin embargo la gloria de Jesús era la cruz, y es allí donde no estarán los discípulos en Jerusalén. Lo dejarán abandonado, y será crucificado en medio de dos bandidos, como ignominia que confunde su causa con los intereses de este mundo. Esta es una lección inolvidable que pone de manifiesto que seguir a Jesús es una tarea inconmensurable.

En el cuarto domingo de octubre nos adentraremos en la lectura del Evangelio: Evangelio: Marcos (10,46-52): El seguimiento y la fe de un ciego
En el evangelio de hoy, Marcos nos relata la última escena de Jesús en su camino hacia Jerusalén. Se sitúa en Jericó, la ciudad desde la que se subía a la ciudad santa en el peregrinar de los que venían desde Galilea. Jesús se encuentra al borde del camino a un ciego. Está al borde del camino, marginado de la sociedad, como correspondía a todos los que padecían alguna tara física. Pero su ceguera representa, a la vez, una ceguera más profunda que afectaba a muchos de los que estaban e iban tras Jesús porque realizaba cosas extraordinarias. El camino de Jesús hasta Jerusalén es muy importante en todos los evangelios. Los ciegos no tienen camino, sino que están fuera de él. Jesús, pues, le ofrecerá esa alternativa: un camino, una salida, un cambio de situación social y espiritual.
El gesto del ciego que abandona su manto y su bastón, donde se apoyaba hasta entonces su vida, contrasta con la fuerza que le impulsa a “ir a Jesús” que le llama. ¿Por qué le “llamó” Jesús y no se acerca él hasta el ciego? Las palabras y los gestos simbólicos de la narración hay que valorarlos en su justa medida. Jesús “le llama”. Jesús ha llamado a seguirle a varias personas; ahora “llama” a un ciego para que se acerque. No le llama aparentemente para seguirle, sino para curarle, pero la curación verdadera será el “seguirle” camino de Jerusalén, en una actitud distinta de los mismos discípulos que habían discutido por el camino “quién es el mayor”. Jesús le pide que se acerque, le toca, lo trata con benevolencia; entonces su ceguera se enciende a un mundo de fe y de esperanza. Después no se queda al margen, ni se marcha a Jericó, ni se encierra en su alegría de haber recuperado la vista, sino que se decide a seguir a Jesús; esto es lo decisivo del relato. La vista recuperada le hace ver un Dios nuevo, capaz de iluminar su corazón y seguir a Jesús hasta donde sea necesario. Vemos, pues, que un relato de milagro no queda solamente en eso, sino que se convierte en una narración que nos introduce en el momento más importante de la vida de Jesús: su pasión y muerte en Jerusalén.

En el último domingo de octubre nos adentraremos en la lectura del Evangelio de: Marcos (12,28-34): Dios quiere ser amado en los hermanos
El evangelio nos presenta al escriba que quiere profundizar de lleno en la Torah, la ley del judaísmo. El alcance de esta discusión y la pregunta del escriba (¡insólita!) ponen en evidencia muchas cosas del judaísmo que también nos afecta a nosotros. Lo primero que salta a la vista es que el segundo mandamiento no le va a la zaga al primero, que pone el acento en el amor de Dios. El escriba, en verdad, no pretendía poner una trampa a Jesús como querían los saduceos, un momento antes, a propósito de la resurrección. Pero en su búsqueda de aclaración se ha quedado una cosa clara: el amor a Dios y el amor al prójimo no tiene “esencias” distintas. El amor es de un “peso” extraordinario. Es un amor de calidad que tiene que ser el mismo para Dios y para los hombres, aunque los mandamientos se enumeren en primero y segundo. Esta sería la ruptura que Jesús quiere hacer con la discusión de los letrados sobre el primero o el segundo, sobre si el prójimo son los de “mi pueblo” o no.
Porque no hay dos tipos de amor, uno para Dios y otro para el prójimo, sino que con el mismo amor amamos a Dios y a los hombres. Diríamos que son inseparables, porque el Dios de Jesús, el Padre, no quiere ser amado El, como si fuera un ser absoluto y solitario. Así resuelve Jesús la gran pregunta del escriba, de una manera profética e inaudita. Lo que el evangelio de hoy quiere poner de manifiesto es que el amor a Dios debe también ser amor a los hombres.

FRASES PARA REFLEXIONAR:
• ¿Cómo, pues, justificar el desamor? ¿Por la Ley misma? ¿En nombre de Dios? ¡De ninguna manera!
• Es muy difícil que los ricos entre en el Reino de los Cielos; porque no son capaces de descodificarse de su seguridad personal, de su justicia, de su concepción de Dios y de los hombres.
• Seguir a Jesús es una tarea inconmensurable.
• La vista recuperada le hace ver un Dios nuevo, capaz de iluminar su corazón y seguir a Jesús hasta donde sea necesario.
• El amor a Dios debe también ser amor a los hombres.

Un fraternal saludo en el Señor.