VENTANA DE FORMACIÓN Nº 92. MAYO 2026

Señor de la Piedad, más que nunca TE necesitamos, ten Piedad de todos nosotros, como tu Santo Nombre nos recuerda, Jesús, Rey, Hombre y Dios.…

Estrella, más que nunca TE necesitamos, sé nuestra guía en el mar oscuro de la vida, como tu Santo Nombre nos recuerda, Estrella del Mar, del Cielo y de nuestras vidas…

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con las Ventanas de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año.

Con el amanecer a un nuevo mes del año 2026 que parece pasar a una inusitada velocidad, llega mayo cargado de encuentros cofrades en el seno de nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad, en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo de Guzmán. La celebración de la Cruz de Mayo Piedad y Estrella, del 1 al 3 de mayo, en la Plaza de la Purísima Concepción y nuestra Casa de Hermandad, es una ocasión perfecta de hermanamiento cofrade junto al monumento a la Cruz en el que el servicio de barra para cofrades y visitantes ofrece comida y bebida. Con la particularidad de la celebración de la Fiesta de la Rosa el mismo día 3 de mayo de 12.00 a 13:30, la Hermandad Piedad y Estrella se une para la celebración de la Eucaristía a la comunidad de Madres Dominicas y a la Cofradía del Rosario que celebran la Fiesta de la Rosa el primer domingo de mayo en la Iglesia Conventual de la Purísima Concepción.

Pasada la celebración de la Cruz, el  16 de mayo, también celebraremos, en la Iglesia de la Purísima Concepción, el Misa de Hermandad y Rosario Vespertino con María Stma. de la Estrella, a partir de las 19 horas. Momento memorable y esperado en el devenir de nuestra cofradía, con el rezo del rosario por las calles de la feligresía.

Pero no terminan ahí las ocasiones para inmortalizar recuerdos cofrades a lo largo de este mes. La Fiesta en honor a Nuestro Padre Jesús de la Piedad y Función Principal de Instituto, tendrá lugar el próximo 31 mayo a los 12:00 horas en la Iglesia de la Purísima Concepción.

SIGNIFICADOS

En este mes recuperamos nuestro viaje por la siempre extensa y complicada liturgia. En esta ocasión comenzamos hablando del TIEMPO PASCUAL.

Comienza con el Domingo de Pascua. Ese día tiene misa propia. Celebra octava, que prolonga el gozo pascual. Una peculiaridad litúrgica de esa misa es que contiene la secuencia de Pascua «Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua…»

En la cincuentena pascual debe siempre haber signos festivos en el altar y en la iglesia. El cirio pascual debe encenderse a diario, para subrayar la unidad de la cincuentena pascual. En las lecturas, se omiten las del Antiguo Testamento, para dar a entender que estamos en un tiempo nuevo, leyéndose los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis y las Cartas de san Juan y san Pedro. En las lecturas evangélicas se lee el Evangelio de san Juan y las apariciones del Resucitado según el evangelista del año. La cincuentena pascual es el tiempo fuerte por excelencia del año litúrgico y la alegría debe ser la nota dominante. Es tiempo de frecuentar los sacramentos y de llevar la Eucaristía procesionalmente a los enfermos. El II Domingo de Pascua se denomina Domingo in albis subtitulado como de la Divina Misericordia.

Cincuenta días después de la Pascua celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu sobre el Colegio Apostólico presidido por la Virgen y que en Andalucía tiene su plasmación festiva con la romería del Rocío, el lunes de Pentecostés—la Blanca Paloma—, tal vez la romería más importante del mundo católico. Pentecostés era una fiesta judía, en la cual el pueblo de Israel conmemoraba la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley en el monte Sinaí, la Alianza de Yahvé con el pueblo judío a los cincuenta días de su salida de Egipto. Al principio se llamaba fiesta de la cosecha o de los primeros frutos, celebrándose a los cuarenta y nueve días de Pascua, y al incluir los rabinos en el cómputo de días la Pascua la llamaron fiesta de los cincuenta días, que es lo que en definitiva significa en griego Pentecostés.

En España la llamamos Pascua Granada, término que al igual que el anteriormente citado de Florida son inequívocamente agrícolas. En la Iglesia Católica solo es festivo actualmente el domingo de Pentecostés. Ese domingo tiene misa vespertina para la vigilia y la misa del día. El sentido actual de la fiesta de Pentecostés hay que enmarcarla como final del ciclo pascual, como colofón de la cincuentena. Este ciclo festivo pascual suma además otra solemnidad, la de la Ascensión del Señor, que se celebraba a los cuarenta días de la Pascua, también pasada al domingo siguiente, y que era uno de los tres jueves que resplandecen más que el sol, junto al Jueves Santo y al Corpus Christi.

Hoy día hay cuatro domingos consecutivos con fiestas importantes relacionadas con el ciclo de Resurrección: Ascensión, Pentecostés, Trinidad y Corpus, estas dos últimas ya en el llamado Tiempo Ordinario. Es esta la época más densa del ciclo de las fiestas del Señor.

EVANGELIOS DEL MES DE MAYO

Primer Domingo: Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

El evangelio de hoy de Juan, está inserto en el testamento de Jesús a los discípulos en la última cena, que es un relato muy particular de este evangelista. Es un discurso de despedida. Aquella noche, entiende Juan, Jesús comunicó a los suyos las verdades más profundas de su vida, de su existencia. Jesús se propone, se auto-revela, como el camino que lleva a Dios; se presenta igual a Dios, igual a Dios que es Padre. El centro del mismo es la afirmación de Jesús como «camino, verdad y vida».

Ya sabemos que el camino es para andar y llegar a una meta; la vida es para vivirla, gustarla y disfrutarla; la verdad es para experimentarla como bondad frente a la mentira, que engendra desazón e infelicidad.

Nadie puede llegar al Padre sino por Jesús (“por mi”). Los hombres buscan a Dios, necesitan a Dios; pero no a cualquier Dios, sino el Padre. Jesús lo ha revelado de esa forma y en ello ha empeñado su palabra y su vida: ésta es su verdad.

Segundo Domingo: Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él»

El evangelio de Juan prosigue con su discurso de revelación de la última cena. Se hace una conexión entre amor y mandamientos. Si amamos a Jesús estamos llamados a amarnos los unos a los otros, porque en la teología de Juan ese es el mandamiento nuevo y único que nos ha dejado para que tengamos nuestra identidad en el mundo. Era nuevo en la forma en que lo entendió Jesús: incluso hay que amar a los que nos odian; así seremos sus discípulos.

Para llevar adelante este mandamiento Jesús pedirá un «defensor»: el Espíritu. El Espíritu de la verdad, no de una verdad abstracta, sino de la verdad más grande, de una verdad que el «mundo» odia, porque el mundo en San Juan es el misterio de la mentira, del odio, de las tinieblas.

Jesús promete no dejarnos huérfanos: El Espíritu es más fuerte que el mundo, como el amor y la verdad son más fuertes que el mundo, aunque nos parezca lo contrario. Si queremos vivir otra vida verdadera debemos fiarnos de Jesús que, desde el regazo de Dios como Padre, no se ha instalado allí, sino que enviándonos un Defensor nos conduce al mundo de la verdad, de la luz, del amor que reina en el seno de Dios.

Tercer Domingo: Lectura del santo evangelio según san Mateo (28,16-20): El bautismo sacramento del amor trinitario

El evangelio del día usa la fórmula trinitaria como fórmula bautismal de salvación. Hacer discípulos y bautizar no puede quedar en un rito, en un papel, en una ceremonia de compromiso. Es el resucitado el que “manda” a los apóstoles, en esta experiencia de Galilea, a anunciar un mensaje decisivo. No sabemos cuándo y cómo nació esta fórmula trinitaria en el cristianismo primitivo. Se ha discutido mucho a todos los efectos. Pero debemos considerar que el bautismo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo significa que ser discípulos de Jesús es una llamada para entrar en el misterio amoroso de Dios.

Podíamos preguntarnos qué sentido tienen hoy estas fórmulas de fe primigenias. Pues sencillamente lo que entonces se prometía a los que buscaban sentido a su vida. Por lo mismo, hacer discípulos no es simplemente enseñar una doctrina, sino hacer que los hombres encuentren la razón de su existencia en el Dios trinitario, el Dios cuya riqueza se expresa en el amor.

Cuarto Domingo: Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

El evangelio de hoy, nos viene a decir que desde el mismo día en que Jesús es resucitó de entre los muertos, su comunicación con los discípulos se realizó por medio del Espíritu. El Espíritu que «insufló» en ellos les otorgaba discernimiento, alegría y poder para perdonar los pecados a todos los hombres. El saludo de la paz, shalom, se repite en el relato por dos veces para confirmar algo que va mucho más allá del saludo cotidiano en el mundo bíblico y entre los judíos. Es el saludo de parte de Dios y es el saludo para preparar los que les va a otorgar a los suyos: la fuerza del Espíritu Santo. De esa manera la unión entre Jesús resucitado y el Espíritu Santo es indiscutible. Será, pues, el mismo Espíritu, es que les garantice el acontecimiento de la resurrección. Pero también el de la misión.

Pentecostés es la representación decisiva de cómo la Iglesia, nacida de la Pascua, tiene que abrirse a todos los hombres. La verdad es que el Espíritu del Señor estuvo presente en toda la Pascua y fue el auténtico artífice de la iglesia primitiva desde el primer día en que Jesús ya no estaba con ellos.

Quinto Domingo: Lectura del santo evangelio según san Juan 3,16-18 – De la noche a la luz: Dios da vida en Jesús

El evangelio de esta fiesta se toma de Juan y nos propone uno de los elementos más altos de la teología joánica. En el diálogo que Jesús mantiene con Nicodemo, el rabino judío que vino de noche para hablar y dialogar a fondo con Jesús, se muestra, con rasgos insospechados, la razón de la encarnación, el que el “Verbo se hiciera carne” La encarnación del Hijo se explica por el amor que Dios siempre ha tenido al mundo. Es la consecuencia de esa fidelidad de generación en generación con que se había expresado la revelación de Dios a Moisés en el Sinaí. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo; quien cree en él experimenta la verdadera salvación. Dios no ha venido al mundo para condenar, o para juzgar, sino para “salvar”.

La teología, pues, debe ser una verdadera terapia espiritual y psicológica para todas las personas que buscan a Dios… pero que huyen de él si Dios no se acerca, si no “se queda” a nuestro lado, si no es compasivo y misericordioso. Está en juego la misma libertad del ser humano –don de Dios, decimos-, para ser o no ser religiosos. Si aceptamos, pues, como fundamento de nuestra fe, esta lección del evangelio de Juan debe ser de verdadera “iluminación”.

la “Trinidad”, más que un conglomerado sustancial y metafísico de esencia, personas o naturalezas, es un misterio insondable de dar vida, de amar sin medida, de liberar de angustias y “pesos” muertos… El Dios de la Biblia, el Dios trinitario -el Padre, el Hijo y el Espíritu-,nos ha dado la vida, para vivir con Él la vida verdadera, que nos ha revelado en Jesús y que nos ofrece por su Espíritu.

Un fraternal saludo en el Señor.

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