VENTANA DE FORMACIÓN Nº 93. SEPTIEMBRE 2026
Piedad y Estrella, iluminan nuestro sendero…
Queridos hermanos, un nuevo año cofrade comienza para nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Ntra. Sra. del Rosario y Santo Domingo de Guzmán.
Desde la Vocalía de Formación, tras la época estival, volvemos a encontrarnos con las Ventanas de Formación de la hermandad, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año. El mes de septiembre acude al seno de nuestra hermandad para acoger dos grandes citas: La Fiesta Estatutaria en honor a María Santísima de la Estrella, que celebra la festividad del nacimiento de la Virgen, y que se celebrará el próximo 8 septiembre con el rezo del rosario a las 19:30h y la Santa Misa a las 20:00h. Con esta Eucaristía se abre el nuevo curso cofrade 2026/2027. La segunda cita es la tradicional Cena benéfica el próximo día 19 septiembre, a las 21:00 horas en la Plaza de la Purísima Concepción.
SIGNIFICADOS
En este mes iniciamos nuestro viaje hablando de las advocaciones. Nuestras sagradas imágenes responden a una advocación concreta que tiene un origen y significado. Nuestra hermandad se identifica en el mundo cofrade de Jaén con las benditas denominaciones de Piedad y Estrella. En cuanto a la advocación de María Santísima podemos comentar diferentes aspectos:
La primera y lógica pregunta sería inquirir sobre que es una advocación y en concreto, una advocación mariana. Una advocación mariana es un nombre o título especial que se le da a la Virgen María para destacar un atributo, un lugar de aparición, un hecho histórico o un misterio de su vida. Todo esto teniendo en cuenta que no existen varias vírgenes, sino sólo una: la madre de Jesús, que recibe diferente nombres, casi como fieles y devotos existen.
Esta variedad nominal se puede distinguir por diferentes aspectos:
- Por apariciones milagrosas: Nombres de los sitios geográficos donde hay constancia de que se apareció la Virgen.
- Por atributos o virtudes: Títulos que reflejan cualidades espirituales o dones.
- Por misterios de su vida: Conmemoraciones de momentos clave de la doctrina cristiana.
En definitiva es un modo de referirse a misterios, apariciones, presencias, dones o atributos de la Virgen María o a circunstancias históricas o geográficas que rodean a la devoción de una imagen determinada. La Iglesia admite numerosas advocaciones que significan la figura de la madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que se rinde culto de diversas maneras. Evidentemente, todas se refieren a María, madre de Jesucristo.
El número relativamente elevado de títulos otorgados a María puede explicarse por razones geográficas y culturales, por ejemplo, a través de la veneración de iconos específicos o apariciones marianas. Por otro lado, se recurre a la intercesión de María para una amplia gama de necesidades humanas en diversas situaciones. Esto ha dado lugar a la formulación de muchos de sus títulos (Buen Consejo, Auxilio de los Enfermos, etc.). Además, las meditaciones sobre los diferentes aspectos del papel de María en la vida de Jesús han dado lugar a títulos como Nuestra Señora de los Dolores. Otros títulos se han derivado de dogmas y doctrinas, como la Asunción de María, Dormición de la Madre de Dios e Inmaculada Concepción…
La veneración de María se consolidó en el año 431 cuando, en el Concilio de Éfeso, se declaró dogma el término descriptivo Theotokos, o María, la portadora (o madre) de Dios. A partir de entonces, la devoción mariana comenzó a florecer, primero en Oriente y más tarde en Occidente.
La advocación de Estrella tiene dos significados:
Denominar a la Virgen María como Estrella —conocida principalmente como Stella Maris o Estrella del Mar— es uno de los títulos marianos más antiguos y representa a la Virgen como guía segura, luz y protectora de los navegantes y de los cristianos en alta mar. Antiguamente, los navegantes miraban el cielo nocturno y se orientaban con las estrellas para llegar a puerto seguro. La tradición cristiana aplicó este símbolo a María, viéndola como el astro luminoso que guía a los creyentes a través de las aguas difíciles de la vida hacia el cielo. Durante la Edad Media, se popularizó esta interpretación del nombre hebreo Myriam como Stella Maris difundido por teólogos como San Bernardo de Claraval y San Alberto Magno.
Por otro lado, existe una historia curiosa que cuenta que en el año 1060 dos monjes benedictinos que caminaban cerca de la costa de Normandía en Francia descubrieron un hermoso lugar desde el que podían ver el océano Atlántico. Uno de ellos descansó en una barca en la playa, el otro en tierra. A la mañana siguiente el mar, a causa del viento, se llevó la barca con el monje dentro. El Hermano Roger, al despertarse y no encontrar a su compañero de viaje, invocó con tristeza la ayuda de María. En un sueño tuvo entonces una visión: una estrella caída del cielo quemaba el bosque, y una voz, la voz de María, le pedía que construyera un santuario en su honor en ese lugar. De este modo, levantó una pequeña cabaña para cumplir la voluntad de María.
Con el tiempo, se construyó una pequeña abadía. Tiempo después, el rey de Inglaterra, Guillermo el Conquistador, transformó la pequeña capilla en un monasterio; donó tierras y ayudó al Hermano Roger. Pero demás le desveló que su compañero, al que creía perdido, había llegado a Inglaterra en esa barca y pasados los años había sido nombrado obispo de Salisbury. Durante varios siglos, este lugar se convirtió en uno de los más importantes centros de veneración mariana. En recuerdo de la visión que tuvo el monje Roger, esta iglesia y la imagen que aquí se venera, recibieron el nombre de Nuestra Señora de la Estrella.
EVANGELIOS DEL MES DE SEPTIEMBRE
Primer Domingo: Lectura del santo evangelio según San Mateo (18,15-20): la comunidad como experiencia de perdón y oración.
El evangelio de hoy forma parte de uno de los discursos más significativos del primer evangelio. En este caso, nos encontramos con el llamado «discurso eclesiológico» porque se contemplan en él las normas de comportamiento básicas de una comunidad cristiana: perdón, comprensión, solidaridad. Hoy aparece lo que se ha llamado la corrección fraterna, el tema del perdón de los pecados en el seno de la comunidad, y el valor de la oración común. La corrección fraterna es muy importante, porque todos somos pecadores.
Es en la comunidad donde tiene todo sentido el perdón de los pecados. Eso exige dar oportunidades, para que no sea el puritanismo lo específico de una comunidad. De la misma manera, la oración común enriquece sobremanera nuestra oración personal. Eso no excluye la necesidad de que tengamos experiencias de perdón y de oración personales, pero hay más sentido cuando todo ello se integra en la comunidad. La religión enriquece la dimensión social de la persona humana.
Segundo Domingo: Lectura del santo evangelio según San Mateo 18,21-35): Dios se realiza perdonando, nosotros ¿cómo?.
Con el evangelio de hoy se pone punto final al discurso eclesiológico para esta comunidad y nos enseña a todos los cristianos aquello por lo que debemos ser reconocidos en el mundo. La parábola del «siervo despiadado» es una genuina parábola de Jesús, acomodada por la teología de Mateo, que hace preguntar a Pedro, con objeto de dejar claro a los cristianos, que el perdón no tiene medida. Setenta veces siete es un elemento enfático para decir que no hay que contar las veces que se ha de perdonar. Dios, desde luego, no lo hace.
La lectura de la parábola nos hará comprender sobradamente toda la significación de la misma; es tan clara, tan meridiana, que casi parece imposible, no solamente que alguien deje de entenderla, sino que alguien tenga una conducta semejante a la del siervo liberado un instante antes de su muerte por las súplicas ante su señor. Es desproporcionada la deuda del siervo con su señor, respecto de la de siervo a siervo (diez mil talentos, es una fortuna, en relación a cien denarios). Sabemos que en esta parábola, según la teología de Mateo, se quiere hablar de Dios y de cómo se compadece ante las súplicas de sus hijos.
Es una parábola de perplejidades y nos muestra que los hombres somos más duros los unos con los otros que el mismo Dios.
Los que están en la misma escala deberían ser más solidarios. Pero no es así en esta parábola. El núcleo de la misma es la dureza de corazón que revelamos frecuentemente en nuestras vidas. Y es una desgracia ser duros de corazón. Somos comprensivos con nosotros mismos, y así queremos y así exigimos que sea Dios con nosotros, pero no hacemos lo mismo con los otros hermanos. Porque somos tardos a la misericordia. Por eso, el famoso «olvido, pero no perdono» no es ni divino ni evangélico. Es, por el contrario, el empobrecimiento más grande del corazón y del alma humana, porque en ese caso, más sentido podía tener «perdono, pero no olvido». Lo mejor, no obstante, sería perdonar y olvidar, por este orden.
Tercer Domingo: Lectura del santo evangelio según San Mateo (20,1-16): La salvación misterio “contracultural” del amor.
El evangelio de Mateo nos ofrece la parábola de los obreros de la viña, una de las más significativas en el ámbito de la exposición que Jesús hacía para exponer el misterio del Reino de Dios. Es una parábola que recuerda, en su resultado final, algunos aspectos a la conocida como la del hijo pródigo. En realidad, se quiere hablar de la misma persona, de Dios, bien como un padre que espera a su hijo y le ofrece misericordia, bien como patrón de una viña que busca obreros durante todo el día. Los elementos intermedios, las horas, no deben distraernos del momento culminante en el que se quiere poner de manifiesto que, precisamente en el Reino de Dios, lo decisivo, como es la salvación de los hombres, no funciona con los criterios de este mundo.
No sería lógico que contrastáramos la justicia estricta que usa con los llamados a la primera hora y la misericordia o la generosidad que aplica con los últimos, pero es ahí donde está el centro del escándalo, de lo contracultural: así no se pensaba en tiempos de Jesús, ni ahora tampoco. Podría pensarse que un gran agricultor, en tiempos de cosecha, tenía necesidad de jornaleros hasta última hora para dar salida a la uva y paga bien. Pero no es eso lo que cuenta; lo que se impone es que el dueño de la viña también es generoso con los últimos que ha podido contratar. Para entender mejor la parábola, hay que tener en cuenta que el trabajo “de sol a sol” eran doce horas, que se dividían habitualmente de tres en tres. Supongamos que de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Los primeros jornaleros fueron contratados a las 6 de la mañana, y los últimos, a las 5 de la tarde, la undécima hora. Por eso a ellos les dice el dueño de la viña: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”. Podemos imaginarnos el contexto histórico de esta parábola de Jesús en su actitud de recibir y acoger a los pecadores contra la mentalidad legalista y puritana de los controladores de las leyes de pureza y santidad.
La parábola quiere enseñar una única cosa, decisiva: «Así es Dios con respecto a la salvación». Todo lo demás no sobra, sino que viene a servir a esta idea que es verdaderamente escandalosa. Este es el Dios de Jesús; este es el mensaje radical del evangelio del reino de los cielos.
Cuarto Domingo: Lectura del santo evangelio según San Mateo (21,28-32): Para Dios, lo que cuenta es «volver».
El evangelio de Mateo (21,28-32), con la parábola del padre y los dos hijos, es provocativo, pero sigue en la misma tónica de los últimos domingos. Se quiere poner de manifiesto que el Reino de Dios acontece en el ámbito de la misericordia, por eso los pecadores pueden preceder a los beatos formalistas de siempre en lo que se refiere a la salvación. Una parábola nos pone en la pista de esta afirmación tan determinada, la de los dos hijos: uno dice que sí y después no va a trabajar a la viña; el otro dice que no, pero después recapacita sobre las palabras de su padre y va a trabajar. Lo que cuenta, podríamos decir, son las obras, el compromiso, recordando aquello de no basta decir ¡Señor, Señor!. El acento, pues, se pone sobre el arrepentimiento, e incluso si la parábola se hubiera contado de otra manera, en la que el primero hubiera dicho que sí y hubiera ido a lo que el padre le pedía, no cambiarían mucho las cosas, ya que lo importante para Jesús es llevar a cabo lo que se nos ha pedido.
El acento está, justamente, en aquellos que habiéndose negado a la fe primeramente, se dejan llenar al final por la gracia de Dios, aunque esto sirve para desenmascarar a los que son como el hijo que dice que sí y después hace su propia voluntad, no la del padre.
Un fraternal saludo en el Señor.

