Ventana de Formación. Nº 1. Octubre 2016

EDITORIAL

Desde este sencillo medio queremos comenzar una pequeña aportación a la formación de los Cofrades de la Hermandad. Os vamos a ir acercando, todos los primeros sábados de mes, coincidiendo con nuestra Eucaristía, distintos temas con unas reflexiones, para que cada uno, las interiorice y pueda también realizar alguna meditación respecto del tema planteado. Espero que este medio sirva para ir, poco a poco, incrementando nuestra formación como cristianos y cofrades.

Tiempo ordinario

Estamos inmersos  en el Tiempo Ordinario. Este se divide en dos secciones (una parte de 4 a 8 semanas después de la Navidad y otra que dura cerca de seis meses después del Tiempo Pascual), durante este tiempo los fieles consideran todas las enseñanzas y obras de Jesús con el pueblo.

El color de la liturgia establecido en este tiempo es el  Verde. Este  color simboliza la virtud de la esperanza. Es usado durante el Tiempo Ordinario, después de Navidad hasta Cuaresma, y después del Tiempo de Pascua hasta el Adviento, en los domingos y en aquellos días que no exigen otro color. Es tiempo de esperanza por la venida del Mesías y por la Resurrección salvadora respectivamente.

En este mes comenzamos el mes del Rosario, continuando  con las lecturas que nos acerca el Evangelio de Lucas.

En el primer domingo el evangelista nos propone que aumentemos nuestra fe, al  igual que los apóstoles le dijeron al Señor (Lc. 17,5-10). Nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero se la ofrecemos así como es, para que Él nos la haga crecer. En este primer domingo recibamos el Rosario que nos ofrece la Bienaventurada Virgen María como una escuela de oración, siendo también escuela de fe.

En el segundo, el evangelio nos narra como Jesús cura a diez leprosos y sólo uno de ellos acudió a dar gracias a Dios (Lc. 17, 11-19). En nuestra relación es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡Gracias!, siempre se da gracias.

En el Evangelio del tercer domingo, Jesús nos relata una parábola sobre la necesidad de orar siempre sin cansarnos (Lc. 18,1-8). Hay una lucha que mantener cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos por la oscuridad, nos extraviamos en el camino de la vida.

En el cuarto, Lucas nos narra la parábola de algunos, que teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás  (Lc. 18, 9-14). Dios es paciente, sabe esperar. Qué hermoso es esto: nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos.  Él nos perdona siempre si vamos a Él.

En el  quinto y último domingo de octubre el evangelio de Lucas nos acerca la figura de Zaqueo (Lc. 19, 1-16). Él  estuvo dispuesto a rehacer su vida según la palabra de misericordia, de justicia, de equidad y de respeto que Jesús le hizo llegar. Jesús puede cambiarnos, puede convertir nuestro corazón de piedra en corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor. Jesús puede hacerlo ¡DÉJATE MIRAR POR JESÚS!

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PARA REFLEXIONAR

  • ¿Qué debemos hacer para aumentar nuestra fe?
  • ¿Sabemos agradecer?
  • ¿Sabemos agradecer a Dios lo muchísimo que nos ha dado y nos da a cada uno de nosotros?
  • ¿Oramos lo suficiente?. Hablar con Dios es compatible con cualquier actividad.
  • ¿Tienes una gran prisa en juzgar, clasificar, poner en este lado a los buenos y del otro a los malos?
  • ¿Nos dejamos cambiar?
  • ¿Nos podemos liberar del egoísmo y de hacer de nuestra vida un dos de amor?

JORNADA DOMUND 2016

El próximo días 23 de octubre se celebra la Jornada mundial de las Misiones 2016, bajo el lema   ”SALIR, romper con la inercia”.

El hombre es relación: no puede vivir para sí mismo. Dios le ha hecho capaz de darse, y su realidad más profunda solo aflora y se consolida en la medida en que sale hacia el otro. La falsa seguridad que nos proporciona el no movernos de nuestro ámbito, para no afrontar dificultades imprevistas ni perturbar nuestra paz, solo lleva al estancamiento. Al contrario, salir de uno mismo puede implicar riesgos y hasta fracasos y equivocaciones, pero será siempre mejor que el “moho” que crea la instalación en nuestras comodidades. Es lo que, en términos de Iglesia, y frente a la tentación de mirar hacia dentro, ha expresado el papa Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (Evangelii gaudium, 49).