Ventana de Formación. Nº 9. Junio 2017

EDITORIAL

Con el primer domingo de Junio concluye el período Pascual que hemos venido disfrutando. Hemos estado celebrando no solo  la resurrección de Jesucristo sino también la de sus miembros que compartimos su misterio. Por la fe y el bautismo nos unimos al misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Durante este mes de junio celebramos, concretamente el día 10, la solemne fiesta de estatutos en honor a Nuestro Padre Jesús de la Piedad. Os invitamos desde aquí a participar activamente en este culto tan importante, a una de nuestras veneradas imágenes titulares.

Asimismo el día 18 conmemoramos la festividad del Corpus Christi. Con la Eucaristía, se renueva la memoria de la Pasión de Jesús, y nos llena el alma de gracia y nos ofrece la “entrada” para pasar por la puerta del reino de los cielos. No solo celebramos este misterio sino que tenemos la oportunidad de alabarlo y cantarlo por las calles de nuestro querido Jaén. Que la procesión exprese nuestro reconocimiento por todo el camino que Dios nos hizo recorrer a través del desierto de nuestras pobrezas, para hacernos salir de la condición servil, alimentándonos con su Amor mediante el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

¿QUE SIGNIFICA PARA LOS CRISTIANOS PENTESCOSTÉS?

Proviene de la palabra griega que significa “quincuagésimo” (pentecoste). La razón es que Pentecostés es el quincuagésimo día (en griego, pentecoste hemera) después del Domingo de Pascua (en el calendario cristiano).

Jesús, anunció a sus discípulos en la última cena la venida del Espíritu Santo, para que nunca se sintieran abandonados.

La fiesta de Pentecostés es una de las más grandes que celebra la Iglesia después de Navidad y Resurrección, pues reconocemos la venida del Espíritu Santo sobre aquella primera comunidad cristiana, infundiendo en ellos los dones y carismas necesarios para perseverar en la verdad, llevar a cabo la misión encomendada por Jesús, de ser testigos, ir, bautizar y enseñar a todas las naciones. (Jn 14,15).

La solemnidad de Pentecostés es una de las más importantes en el calendario de la Iglesia y contiene una rica profundidad de significado. De esta forma lo resumió Benedicto XVI el 27 de mayo de 2012:

“Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hch 2, 1-11).

Jesús, después de resucitar y subir al cielo, envía a la Iglesia su Espíritu para que cada cristiano pueda participar en su misma vida divina y se convierta en su testigo en el mundo. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece en nosotros la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo”.

EVANGELIOS DEL MES DE JUNIO

Es el evangelista Juan (Jn. 20,19-23), el que nos acerca en este primer domingo Junio, el relato por el cual Jesús envió el Espíritu Santo a los discípulos. Tenemos que aprender a liberarnos de las esclavitudes, a pensar y sentirnos libres, a tamizar toda la información que nos bombardea constantemente con tener en lugar de ser. Volver a la introspección personal para conocernos y no dejarnos manipular por nadie: iglesia, política, sociedad… El Espíritu no es propiedad de nadie, Él sopla donde quiere y a nosotros nos toca dejarlo entrar en nuestro corazón y en nuestra vida.

El segundo domingo, solemnidad de la Santísima Trinidad, el evangelista Juan (Jn. 3,16-18), nos recuerda el amor de Dios Padre. Un amor gratuito, generoso, un amor de misericordia, por el que nos mandó a su hijo Jesús para que todos nos salvemos. Dios es amor que se contagia, pero a nosotros nos toca dejarnos contagiar, dejarnos amar incondicionalmente, Para ello debemos conocerlo y la mejor forma de conocerlo es acogerlo y experimentarlo en nuestra vida. A Dios no le gusta vivir en soledad, por eso vive en familia; de ahí la Trinidad. Porque en la familia somos amados, acogidos y aceptados con nuestros defectos y virtudes.

Hoy tenemos un ejemplo claro. Muchas parejas pueden celebrar la renovación de sus promesas matrimoniales. Ellos, un día, decidieron formar una familia en la que compartir y vivir el amor, pero pusieron como pilar central de sus vidas el amor de Dios.

Como hemos hablado en el Editorial, en este tercer domingo, festividad del Corpus Christi, San Juan (Jn. 6,51-58), nos acerca el momento en el que Jesús dijo “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino que es la fuerza para los débiles, para los pecadores. Es el perdón, el  viático que nos ayuda a dar pasos, a caminar.

En este tercer domingo, XII del Tiempo Ordinario, en el evangelio que nos acerca Mateo (Mt. 10,26-33), el Señor nos pide que vivamos sin miedo, como hijos de Dios. En ocasiones nos encontramos con gentes angustiadas y atemorizadas por las dificultades de la vida, por acontecimientos adversos y por obstáculos que se agrandan cuando sólo se cuenta con las fuerzas humanas para salir adelante. Con frecuencia vemos también a cristianos que parecen atenazados por un miedo vergonzoso para hablar claro de Dios, para decir que no a la mentira, para mostrar, cuando sea necesario, su condición de fieles discípulos de Cristo; se teme al qué dirán, al comentario desfavorable, a ir contracorriente, a llamar la atención… Y, ¿cómo no va a llamar la atención un discípulo de Cristo en ambientes de costumbres paganizadas, en los que los valores económicos son a menudo los supremos valores? Jesús nos dice que no nos preocupemos demasiado por la calumnia y la murmuración, si éstas llegan. No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Vivimos unos tiempos en los que se hace más necesario proclamar la verdad sin ambigüedades, porque la mentira y la confusión están perdiendo a muchas almas. La sana doctrina, las normas morales, la rectitud de conciencia en el ejercicio de la profesión o a la hora de vivir las exigencias del matrimonio, el sentido común… gozan algunas veces de menos prestigio, por absurdo que parezca, que una doctrina chocante y errada, a la que se califica de “valiente” o se la tiñe de un color de progreso.

PARA REFLEXIONAR

Pidamos al Espíritu Santo que venga, que despierte en nosotros entrañas de misericordia, de amor, de generosidad, de valentía, de alegría y que nos anime en el camino diario.

Que el Sacramento de la Eucaristía, sea para cada uno de nosotros algo nuevo y definitivo para nuestra vida cristiana, de la que es el centro y el motor.