VENTANA DE FORMACIÓN Nº 89. ENERO 2026

Señor de la Piedad, que en el Nuevo Año que comienza, tengas Piedad de todos nosotros, como tu Santo Nombre nos recuerda, para un futuro incierto, excepto en tu mente.

Estrella, que en el Nuevo Año que comienza, seas nuestra guía en el mar oscuro de la vida, como tu Santo Nombre nos recuerda, Guía de nuestras vidas en otro año oscuro.

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con las Ventanas de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año. Este mes no es un mes más, sino el primero de un nuevo año. Los Reyes Magos de Oriente nos han dejado la Esperanza y la Fe. La vida cofrade de nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Ntra. Sra. del Rosario y Santo Domingo de Guzmán también comienza la andadura de estos 365 día con la Estrella de María Santísima guiándonos en su eterna intercesión.

Con la próxima Cuaresma y Semana Santa ya en el horizonte, aún lejano, la actividad cofrade comienza en este mes de enero con las igualás de costaleros. Ambas citas en la Casa de Hermandad, plaza Purísima Concepción.

SIGNIFICADOS:

Por otro lado, para los jaeneros, estos primeros días del año nos traen una especial celebración: “Día es de San Antón, ese Santo señalado / cuando salen de Jaén / cuatrocientos hidalgos / y de Úbeda y Baeza / se salían otros tantos”, dice el romance (el anónimo Romance del Obispo don Gonzalo) que da fe de la importancia y fama de esta devoción en Jaén desde el año 1245. La festividad de San Antón Abad, aquel monje cristiano fundador del movimiento eremítico, es un buen momento para los devotos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad, ya que el relato de la vida de San Antón, transmitido principalmente por la obra de san Atanasio, presenta la figura de un hombre que crece en santidad y se convierte en modelo de piedad cristiana. Al parecer las celebraciones en honor a san Antonio Abad se llevaban a cabo en la ciudad de Jaén desde el siglo XIII, debido a la influencia de la devoción que existía al santo en Europa central. En esa época, muchos habitantes llegaron al sur gracias a la Reconquista. Hay crónicas que indican que los ballesteros que defendían la ciudad, disponían de una capilla dedicada al santo en la mismísima catedral. No es de extrañar que en pleno siglo XV, Miguel Lucas de Iranzo impulsara la fiesta religiosa. Esta fiesta se consolidó en la ciudad en el siglo XIX. En esa época se impuso la costumbre en la ciudad de celebrar las famosas lumbres, sobre las que se colocaba un muñeco realizado con ropa vieja, paja y serrín. Alrededor de las hogueras los vecinos cantan melenchones y comen rosetas, calabaza asada, morcilla, chorizo y vino de la tierra. Las hogueras están íntimamente relacionadas con el cultivo del olivo y la poda del mismo tras la recolección de la aceituna. Siendo los restos de poda el material fundamental de las hogueras. Antiguamente, se añadían los capachos de esparto que quedaban inservibles tras prensar la aceituna. Es obvia la connotación de purificación del viejo año ya pasado para entrar en el nuevo con otro aire totalmente renovado.

Además, en esta singular efemérides, en recuerdo a San Antón Abad, mucha gente lleva a sus animales a las iglesias para que sean bendecidos. Cada 17 de enero, San Antón da la bendición a todo tipo de animales: perros, gatos, cerdos, pájaros, roedores… Para las personas que llevan a sus animales, este hecho es muy importante, ya que la bendición los protege contra las enfermedades durante todo el año.

REFLEXIÓN:
Como se puede ver, la oración anterior dedicada a San Antonio Abad, es todo  un alegato de amor y respeto a los animales, inspirado en el legado de un hombre que lo dejó todo para dedicarse en cuerpo y alma a la búsqueda de la paz espiritual. Hijo de una familia acomodada, se quedó huérfano a los veinte años, vendió todos sus bienes, entregó el dinero a los necesitados y se fue a vivir a una aldea local, durmiendo en una cueva y llevando una vida totalmente austera. El patrocinio tiene su germen en esta vida de austeridad, cuando, tal y como se cuenta, el eremita encontró la sabiduría en la observación de los animales y halló el amor divino en la contemplación de la naturaleza. Con estos antecedentes, se le podría considerar un ecologista, por el gran amor y respeto que mostró hacia la naturaleza y el medio ambiente.

EVANGELIOS DEL MES DE ENERO

La lectura que nos ocupa este primer domingo, día del Señor, es la Lectura del santo Evangelio según san Juan (1,1-13)

Después de la fiesta de María Madre de Dios con que abrimos el año nuevo, es una profundización en los valores más vivos de lo que significa la encarnación del Hijo de Dios. Esta es una de las páginas más gloriosas, profundas y teológicas que se hayan escrito para decir algo de lo que es Dios, de lo que es Jesucristo, y de lo que es el hecho de la encarnación, en esa expresión tan inaudita: el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La encarnación se expresa mediante lo más profundo que Dios tiene: su Palabra. El evangelio de Juan, pues, no dispone de una tradición como la de Lucas para hablarnos de la anunciación y del nacimiento de Jesús, pero ha podido introducirse teológicamente en esos misterios mediante su teología de la Palabra. Jesús, pues, también se ha encarnado para hacer nuestra palabra (que expresa nuestros sentimientos y pensamientos, nuestro yo más profundo, lo que sale del corazón) una palabra de luz y de misericordia; de perdón y de acogida. El Verbo ilumina con su luz. La iniciativa no parte de la perentoria necesidad humana, sino del mismo Dios que contempla la situación en la que se encuentra la humanidad. Suya es la iniciativa, suyo el proyecto. En el Verbo estaba la vida y la vida es la luz de los hombres. Por eso viene a los suyos, que somos nosotros.

La lectura del evangelio del segundo domingo nos la va a acercar otro evangelista. Es la Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,13-17)

El evangelio de Mateo describe la escena del bautismo. ¿Fue Jesús un seguidor de Juan el Bautista antes de comenzar su misión? Esto no está descartado en la interpretación más histórica de los evangelios. Es verdad que Jesús consideró el movimiento del Bautista como una llamada del tiempo nuevo que se acercaba, pero en su conciencia más personal él debía comenzar algo más nuevo y original. El Bautismo de Jesús, por Juan, sin que carezca de valor histórico, nos es presentado como un símbolo que permite hacer una ruptura entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la Antigua y la Nueva Alianza, entre el tiempo de preparación y el tiempo del cumplimiento de las promesas. Por eso Jesús recibe el Espíritu que le garantiza su misión profética más personal. Nadie, como Jesús, puede traer al mundo unas nuevas relaciones entre Dios y los hombres. Jesús, pues, acepta ser bautizado porque quiere participar con el pueblo en este nuevo momento, del que él personalmente, por la fuerza del Espíritu, ha de ser protagonista.

Nos acercaremos al tercer domingo del mes con la Lectura del santo evangelio según san Juan (1,29-34)

El contraste entre Juan y Jesús es tan patente como si se describiera el amanecer y el mediodía, entre las sombras y la luz; entre el agua y el Espíritu. En el texto queda patente que Juan actuaba por medio del bautismo de agua para la conversión; de Jesús se quiere afirmar que trae el bautismo nuevo, radical, en el Espíritu, para la misma conversión y para la vida. Uno es algo ritual y externo; otro es interior y profundo: sin el Espíritu todo puede seguir igual, incluso la religión más acendrada. Esto es lo que el testo joánico de nuestro evangelista quiere subrayar. Y el hecho de que lo presente, al principio, como un “cordero” indica que su fuerza estará en la debilidad e incluso en la mansedumbre de un cordero (signo bíblico de la dulzura) dispuesto a ser “degollado”. En definitiva, el pecado absoluto del mundo, será vencido por el poder del Espíritu que trae Jesús. El bautismo de agua puede y tiene sentido, pero para significar el bautismo, el sumergirse, en el Espíritu de Dios que trae Jesús.

El último domingo del mes, tendremos la Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-23)

El evangelio de Mateo está centrado, específicamente, en actualizar el texto de Isaías que se ha leído en la primera lectura, en una aplicación radical a Jesús de las palabras sobre la luz nueva en Galilea. En la tradición de Marcos ya se había dejado bien sentado que Jesús comienza su actividad una vez que Juan el Bautista ha sido encarcelado. Esto obedece, más probablemente, a planteamientos teológicos que históricos, ya que ambos pudieron coincidir en su actividad. En realidad, Juan y Jesús actuaban con criterios distintos. Jesús es la novedad, la buena noticia, para los que durante siglos habían caminado en tinieblas y en sombras de muerte. El tiempo que se acerca es el tiempo del evangelio, de la buena nueva, que exige un cambio de mentalidad (¡convertirse!) y una confianza absoluta (creer) en el evangelio. Los dos elementos fundamentales de este programa, ya han sido puestos de manifiestos por todos: el reinado de Dios y la buena noticia que este reino supone como acontecimiento para el mundo y la para la historia.

Si Jesús anuncia que Dios va a reinar es que está proclamando o defendiendo algo verdaderamente decisivo. Si antes no ha sido así es porque es necesario un nuevo giro en la historia y en la religión de este pueblo que tiene a Dios por rey. No se trata, pues, simplemente de aplicarle a Dios el título de rey o de atribuirle un reino espacial, sino del acontecimiento que pone patas arriba todo lo que hasta ahora se ha pensado en la práctica sobre Dios y sobre su voluntad. Dios no será un Dios sin corazón, sin entrañas; o un Dios que no se compadezca de los pobres y afligidos, sino que estará con los que sufren y lloran, aunque no sean cumplidores de los preceptos de la ley y de las tradiciones religiosas ancestrales inhumanas. En definitiva, Dios quiere “reinar” y lo hará como ya los profetas lo habían anunciado, pero incluso con más valentía si cabe. Porque Dios quiere “reinar” salvando, haciendo posible la paz y la concordia. De ahí que el reino de Dios, tal como Jesús lo exterioriza, representa la transformación más radical de valores que jamás se haya podido anunciar. Porque es la negación y el cambio, desde sus cimientos, del sistema social establecido. He ahí el ideal de lo que representa el reinado de Dios en la predicación de Jesús; estas son las buenas noticias que le dan identidad al cristianismo.

Un fraternal saludo en el Señor y Feliz Año Nuevo.

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