VENTANA DE FORMACIÓN Nº 90. FEBRERO 2026

Señor de la Piedad, protege a tus devotos con el favor de tu mirada piadosa, en especial a los más desfavorecidos. Que sean atendidos en sus súplicas.

Estrella, protege a tus devotos con el favor de tu misericordia, en especial a los que más sufren. Que sean reconfortados en sus plegarias.

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con las Ventanas de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año. Este mes no es un mes más. Ya se divisa en el horizonte la próxima Cuaresma, antesala de una próxima Semana Santa. El próximo día 18 un nuevo Miércoles de Ceniza vendrá a “manchar” nuestras frentes con una nueva esperanza: la de la venidera Pascua de Resurrección. Mientras, nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Ntra. Sra. del Rosario y Santo Domingo de Guzmán también vive con esa misma esperanza y agenda estas fechas con una serie de actividades cofrades.

El próximo 7 febrero a las 19:30 se celebrará la Misa de Hermandad en la Iglesia de la Purísima Concepción. Para el día 8, a las 12:00 en el Teatro Infanta Leonor, a beneficio de la asociación ALCER Jaén, tendrá lugar el IV Concierto Benéfico Piedad y Estrella, con la actuación de la Banda de Cornetas y Tambores Santísimo Cristo de la Elevación, de Campo de Criptana (Ciudad Real), y nuestra Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Presentación al Pueblo (La Estrella). En los días finales del mes asistiremos a la presentación del cartel Estrella 2026 y boletín cuaresmal, el 20 febrero a las 21:00 en la sede de la Agrupación de Cofradías de Jaén, sita en la calle Bernardo López.

SIGNIFICADOS:

En esta ocasión vamos a retomar nuestro viaje por la Liturgia hablando de:

La Cuaresma

La Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua de Cristo, es un tiempo claramente penitencial. En sentido estricto, la Cuaresma abarca desde el miércoles de Ceniza hasta la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo. Desde fines del siglo II ya existe en la Iglesia un período de preparación a la Pascua, observado con días de ayuno y penitencia. Este ayuno de cuarenta días se observaba desde la sexta semana antes de Pascua, pero habiendo por medio seis domingos y para completar el número simbólico de cuarenta días de penitencia (cuarenta años fue la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto, cuarenta horas permaneció Jesús muerto, cuarenta días duró el diluvio, cuarenta días estuvo Moisés en el Sinaí) se amplió al miércoles anterior.

Más tarde se añadieron otros domingos de preparación a la Cuaresma (Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima). En Cuaresma era cuando los catecúmenos, que se iban a bautizar en la Vigilia Pascual, se preparaban intensamente para recibir el sacramento. También, en el Miércoles de Ceniza, eran separados públicamente de la asamblea los pecadores, imponiéndoseles la ceniza y obligándoseles a la penitencia pública, generalizando la costumbre de la imposición de la ceniza a todos los fieles el papa Urbano II en el Sínodo de Benevento.

El Miércoles De Ceniza

El Miércoles de Ceniza es un día privilegiado litúrgicamente hablando, ya que en la tabla de los días litúrgicos según la precedencia aparece en el segundo grupo, al mismo nivel que los domingos de Adviento o la octava de Pascua, por ejemplo. Es día de ayuno y abstinencia (como el Viernes Santo) y la Liturgia nos presenta el rito, característico, de la imposición de la ceniza. En la misa de ese día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente. Se omite el acto penitencial, que se sustituye por la imposición de la ceniza, después de la homilía. Tras una oración impone en la cabeza o la frente la ceniza a los presentes con cualquiera de las dos fórmulas que propone el Misal: «Convertíos y creed en el Evangelio» o bien «Acuérdate de que polvo eres y al polvo volverás». Es conveniente que el sacerdote presidente también se la imponga o le sea impuesta por algún fiel. Después sigue la Oración de los Fieles y continúa normalmente la Liturgia Eucarística. No se reza el Credo. También existe la posibilidad de imponer la ceniza fuera de la misa. En este caso debe ir acompañado el rito con una Liturgia de la Palabra.

Haciendo un poco de historia del rito de la imposición de la ceniza diremos que, este acto, al principio, se limitaba a los penitentes públicos, o sea, al grupo de pecadores que recibirían la reconciliación el Jueves Santo. Desde el siglo XI comenzó a aplicarse este rito a todos los cristianos. Toda la comunidad se reconocía pecadora y se convirtió en un gesto de conversión cuaresmal. La ceniza nos recuerda nuestra condición débil y caduca.

En cuanto a normas litúrgicas y orientaciones pastorales propias de este tiempo: En general se debe buscar en el tiempo cuaresmal la mayor austeridad posible, tanto para el altar como para los demás lugares y elementos celebrativos. En este tiempo hay que suprimir las flores, la música instrumental (salvo si es imprescindible para acompañar el canto) y los adornos. En la misa se omite siempre el Aleluya. Los domingos se omite el Gloria. El acto penitencial de la misa debe destacarse. Las vestiduras son, como en Adviento, moradas.

Resumiendo pues, en Cuaresma se debe buscar la mayor austeridad posible como tiempo penitencial propio tanto en el exorno de los altares como en los demás elementos celebrativos, suprimiendo flores y cánticos.

El Domingo Laetare

El domingo IV de Cuaresma, llamado de Laetare recibe ese nombre por la antífona de entrada de la misa. Este domingo tiene un carácter especial dentro de la Cuaresma: es un domingo de alegría porque se acercan ya las fiestas pascuales. Veremos la alegría que sintió el pueblo de Israel cuando fue liberado de la cautividad de Babilonia en la primera lectura y celebraremos nuestra salvación por pura gracia de Dios que, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, como oiremos en la segunda lectura. El Evangelio nos hará ver la alegría de saber el amor que Dios nos tiene, que envió a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Los textos, pues, nos hablan también de la alegría. Los ornamentos para este domingo son de color rosa o morado, opcional. El color rosa simboliza alegría, aunque sea una alegría pasajera y efímera.

EVANGELIOS DEL MES DE FEBRERO

Evangelio: Mateo (5,1-12): Elegir el mundo de las bienaventuranzas como identidad cristiana

El primer gran discurso del evangelio de Mateo es muy sintomático en la obra, pues se trata, nada más y nada menos, que del Sermón de la Montaña. Pero ciñéndonos al texto de hoy, lo más relevante es el comienzo de este primer discurso por las famosas “bienaventuranzas”. Eso quiere decir –en continuidad con el texto elegido el domingo anterior-, que el reinado de Dios se asienta, pues, sobre las bienaventuranzas. No debe caber la menor duda. Son fórmulas clásicas de la tradición oriental y bíblica, como anuncio profético de cómo debe ser el futuro.

Es casi unánime la opinión de que el texto de las bienaventuranzas procede del “Evangelio Q” como a algunos gusta llamarlo hoy.

Es un discurso catequético. Sobre su significado se han escrito cientos de libros y aportaciones muy técnicas. Es la expresión de la mentalidad de Jesús de cómo debemos entender la llegada del Reino de Dios. ¿Son una utopía que propone Jesús, sin visos de realidad? Esa sería la respuesta fácil. No obstante, las utopías (lo que está fuera de los normal), no se proponen para soñar sino para vivir con ellas y desde ellas. Lo importante es su mensaje, que no puede ser distinto de algo así: Jesús piensa y vive desde el mundo de los pobres, y piensa y vive desde ese mundo para liberarlos. Así debemos entender la primera aproximación al mensaje de hoy. Esa es una realidad social, pero a la vez es una realidad teológica. Es en el mundo de los pobres, de los que lloran, de los limpios de corazón, de los perseguidos por la justicia, de los que hacen la paz, donde Dios se revela. Y lógicamente, Dios no quiere ni puede revelarse en el mundo de los ricos, del poder, de la ignominia. El Reino que Jesús anuncia es así de escandaloso. No dice que tenemos que ser pobres y debemos vivir su miseria eternamente. Quiere decir, sencillamente, que si con alguien está Dios inequívocamente es en el mundo de aquellos que los poderosos han maltratado, perseguido, calumniado y empobrecido. Y por ello ¿dónde debemos estar los cristianos? En el mundo del no-poder, que es el de las bienaventuranzas.

Se puede traducir la primera bienaventuranza de la siguiente forma “los que eligen ser pobres porque esos tienen a Dios por rey” La opción por la pobreza frente a la riqueza es un reto frente a este mundo de competencia y de injusticia. Pero deberíamos decir, ya un poco fuera de la literalidad del texto y de la posibilidad de la traducción, que esta “opción” de “elegir” debe ser la tónica de todas las bienaventuranzas de Mateo. Y esto es lo que los cristianos deben “elegir” para ser solidarios con los que viven esas situaciones reales. Porque las bienaventuranzas de Jesús se inspiran en la situación inhumana que viven muchos hijos de Dios y es en ese mundo de las bienaventuranzas donde Dios se siente el Dios vivo, el Dios de verdad.

La segunda lectura del mes de febrero podemos leerlo y meditarlo en el Evangelio: Mateo (5,13-16): Sal de la tierra y luz del mundo

El evangelio de Mateo, hoy, prosigue el sermón de la montaña con dos comparaciones -no llegan a parábolas-, sobre el papel del cristiano en la historia: la sal de la tierra y la luz del mundo. Todos sabemos muy bien para qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma manera, desde las tinieblas, todos conocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Probablemente son de esas expresiones más conocidas del cristianismo y de las más logradas. En los contratos antiguos se usaba la sal como un símbolo de “permanencia”. Ya sabemos que la sal conserva las cosas, los alimentos… y era un signo de la Alianza en el ámbito del judaísmo por ese sentido de la fidelidad de Dios a su pueblo y de lo que Dios pedía al pueblo. Entonces entenderemos muy bien el final de la comparación: “si la sal se vuelve sosa”… hay que tirarla. Pierde su esencia. No olvidemos que esta comparación viene a continuación de las bienaventuranzas y por lo mismo debemos interpretarla a la luz de la fuerza de las mismas. El cristiano que pierde la sal es el que no puede resistir viviendo en la opción de las bienaventuranzas.

La luz del mundo, y la ciudad en lo alto del monte… tienen también todo su sabor bíblico. Sobre la luz sabemos que hay toda una teología desde la creación… Pero también se usa en sentido religioso y se aplicaba a Jerusalén, la ciudad de la luz, porque era la ciudad del templo, de la presencia de Dios. Por eso “no se puede ocultar una ciudad”… hace referencia, sin duda a estos simbolismos de Jerusalén, de Sión, de la comunidad de la Alianza. El cristiano, pues, que vive de las opciones de las bienaventuranzas no puede vivir esto en una experiencia exclusivamente personal.. Es una interpelación a dar testimonio de esas opciones tan radicales del seguimiento de Jesús, de la fuerza del evangelio.

Con estos dichos del Señor se quiere rematar adecuadamente el tema de las bienaventuranzas. Efectivamente, esto que leemos hoy debemos ponerlo en relación directa, no solamente con el estilo literario de las bienaventuranzas, sino más profundamente aún con su teología. El Reino de Dios tiene que ser proclamado y vivido y el Sermón de la Montaña es una llamada global a llevarlo a la práctica.

La lectura del evangelio del tercer domingo es la Evangelio (Mateo 5,17-37): La alternativa de Jesús a la ley

El  Evangelio (Mateo 5,17-37): La alternativa de Jesús a la ley, es la segunda lectura de febrero. Estamos ante una de las partes más significativas del Sermón de la Montaña. En el caso que nos ocupa nos encontramos con un material muy específico como son las famosas «antítesis», de las que en este caso se nos ofrecen cuatro.

Si nos fijamos concretamente en las antítesis, la primera (5, 21-26) nos habla de «matar», pero en realidad, desde el punto de vista formal, son tres elementos es uno: matar, encolerizarse contra el hermano, adversario-juicio. La radicalidad, pues, se da en que matar a alguien es un infierno. Pero se comienza a matar de muchas formas y de muchas maneras, aunque no nos sea permitido establecer una coordinación de los tres momentos del conjunto.

La segunda de las antítesis (5,27-30) nos habla del adulterio. ¿Es tan importante este propósito como para que forme parte de las antítesis o del Sermón de la montaña? También aquí se concatenan tres elementos formales: adulterio-concupiscencia, el ojo que se escandaliza y la mano. Estamos hablando de algo que afecta al matrimonio y a la familia, como base fundamental de la sociedad y de la sociedad judía. Entre otras razones porque el matrimonio es casi una obligación para un judío y eso que Jesús, con absoluta seguridad, no decidió casarse por dedicar su vida al «anuncio del Reino de Dios». En una sociedad de relaciones familiares, pues, el adulterio es un atentado a lo más esencial de la familia judía. Pero hay más desde el punto de vista de Jesús: su amor por los pequeños, por la mujer, por los que no cuentan. En la praxis judía, los que habían sido cazados en adulterio podrían ser condenados a muerte por lapidación, pero se encontraban, a veces, razones e interpretaciones para no aplicarlo, quizás porque los varones siempre encuentran sus privilegios. ¿No intentaría Jesús defender a la mujer, casada o no, con esta radicalidad? Podríamos aplicar que se pide que la mujer no sea solamente objeto de deseo, sino persona que es igual que los varones, madre de sus hijos, como lo es el varón padre de sus hijos.

La tercera antítesis (5,31-32), es sobre el divorcio. Es toda una consecuencia de lo anterior.  ¿Por qué prohibe esta antítesis que nadie se case con una repudiada? Si la mujer ha obtenido el libelo de repudio se debería entender que está libre. Esta antítesis no parece estar en la línea radical de las dos anteriores;  En síntesis, debemos afirmar que la radicalidad existe; que el divorcio no puede quedar como algo trivial, sino que es un atentado contra el amor. El divorcio no es permitido porque es un atentado a la mujer, ya que las escuelas rabínicas dejaban claro su pretensión de que el hombre era quien tenía el privilegio del acta de divorcio.

La cuarta antítesis nos habla del juramento (5,33-37). Se podría entender que jurar en falso no es propio de los seguidores de Jesús. No se debe jurar, ni por Dios, ni por los hombres, ni por uno mismo, ni en nombre de lo más sagrado ¿Por qué? Porque no se jura para apoyar nuestra verdad o para reafirmar nuestra mentira o nuestra maldad. La verdad o la mentira resplandecen por sí solas. Es verdad que se quiere subrayar que la justicia cristiana no puede estar engolfada en la mentira.

Esta es la propuesta catequética de Mateo a su comunidad, en la que se intuye, claramente, que no se pueden justificar actitudes porque estén legalizadas. Sucede, a veces, que lo que está legalizado es injusto. Y contra ello está la justicia del Reino.

El último domingo de febrero, el Evangelio: Mateo (4,1-11): El Hijo de Dios vive nuestra existencia “de verdad”

Cada evangelista, en el respectivo año litúrgico, nos ofrece su versión de Jesús tentado, como Adán y Eva en el paraíso. Los que más se parecen, a diferencia de Marcos, son los relatos de Mateo y Lucas. Éste ha cambiado el orden, por razones teológicas; pero el mensaje no puede ser muy distinto en uno y otro, aunque con matices. No debemos asombrarnos si decimos y subrayamos que el relato va más allá de lo puntualmente “histórico”, para ser un ejemplo vivo en la comunidad de cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”. Porque la divinización es pecado cuando viene de nosotros mismos que no aceptamos nuestra vida ni la de nuestros hermanos los hombres; pero es gracia y salvación cuando viene de Dios como don de la creación y de la redención.

Tres pruebas, como número simbólico, cumplen de modo perfecto esa oración a Dios. Y así: 1) rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón; 2) al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda al alma; 3) no aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. Eso es lo que no fue posible en el paraíso. El rechazo de Jesús a todo lo que se le ofrecía no es una victoria humillante; era lo único que verdaderamente le podía mantener unido a Dios y a todos los hombres. Estas fidelidades de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña, ni siquiera, con ser Dios o tener su poder. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres, emperadores o no, que han querido ser adorados; pero la verdad es que nunca llegaron a ser dioses, se alejaron de los hombres, eso sí, y se quedaron solos para siempre.

Un fraternal saludo en el Señor.

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