VENTANA DE FORMACIÓN Nº 94. OCTUBRE 2026

Piedad  y Estrella, iluminan nuestro sendero…

Queridos hermanos, un nuevo mes comienza para nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Ntra. Sra. del Rosario y Santo Domingo de Guzmán. El mes de octubre, tan importante en el devenir de nuestra ciudad, acude al seno de nuestra hermandad para acoger dos grandes citas: El Triduo a Nuestra Señora del Rosario, que celebra cultos en su honor, los días 2,3 y 4 de octubre en la Iglesia de la Purísima Concepción y Función Principal, el mismo día 7 de octubre, día de la onomástica, a las 19:30 horas. El día 4, al término de los cultos, tendrá lugar la procesión de la Virgen del Rosario, por las calles de la feligresía.

La segunda cita es la recomendable visita a nuestra caseta (número 18) en la tradicional Feria de San Lucas, del 10 al 18 de octubre en el Recinto Ferial. Momento de esparcimiento y estrechamiento de los lazos de hermandad de otra forma.

SIGNIFICADOS

En esta ocasión, al hablar de la advocación mariana, es pertinente hablar de la advocación del Rosario:

La devoción a la Virgen del Rosario tiene su origen en un acontecimiento histórico: la Batalla de Lepanto, ocurrida el 7 de octubre de 1571. El conflicto entre el Imperio Otomano y los estados europeos estaba servido. Se organizó la llamada Liga Santa, una alianza naval integrada por España, Venecia, Génova, Parma, Saboya y otras flotas menores, que se unieron para frenar el avance turco en el Mediterráneo.

El Papa Pío V pidió a todos los fieles que rezaran el Santo Rosario por la victoria cristiana. El enfrentamiento decisivo tuvo lugar cerca de la isla griega de Lepanto. La flota otomana, superior en número y con vientos a favor, se desplegó en forma de media luna desde la costa de Grecia hasta el Peloponeso. Sin embargo, mientras la batalla se libraba en el mar, en Roma se organizaban procesiones y miles de fieles rezaban el Rosario con fervor, confiando en la intercesión de la Virgen María.

Tras la inesperada victoria europea, el mismo Papa Pío V proclamó que la Virgen había concedido su intercesión. En agradecimiento, en 1572 añadió a las letanías marianas la invocación “Auxilio de los cristianos” y estableció el 7 de octubre como la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria. Más tarde, el Papa Gregorio III cambió el nombre por el de Nuestra Señora del Rosario, título con el que hoy la Iglesia universal celebra a la Virgen.

Tras el triunfo en la Batalla de Lepanto, varias ciudades europeas pusieron en sus escudos la imagen de la Virgen María sobre la media luna y, en Venecia, por ejemplo, el Senado dispuso que en el Palacio del Dux, debajo del cuadro de la Batalla de Lepanto, se inscribiera esta frase: “Ni el poder ni las armas, ni los almirantes, sino María del Rosario”.

Por otro lado, la imagen de Nuestra Señora del Rosario o Virgen del Rosario está llena de elementos con significado:

  1. La Virgen María y el Niño Jesús

La Virgen María a veces aparece sentada en un trono, aunque es más común encontrarla de pie, con el Niño Jesús en brazos o junto a ella. Su rostro expresa serenidad y autoridad. Significa fiel intercesora ante su Hijo Jesucristo.

  1. El Rosario en sus manos

La Virgen María sostiene un rosario en una de sus manos; a veces el Niño Jesús también sostiene el Rosario. Esto significa que, en el rezo del Santo Rosario, los fieles tienen un arma poderosa para vencer a cualquier adversidad.

  1. El Niño Jesús

El Niño Jesús suele estar en los brazos de la Virgen o sentado en su regazo, a menudo también con una esfera en la mano (símbolo de su dominio sobre el mundo) o en actitud de bendecir. Significa que el poder de intercesión que tiene la Virgen María le viene de su Hijo que no deja de escuchar las súplicas de su Madre a favor de sus fieles.

  1. Corona de la Virgen

La Virgen suele llevar una corona, a veces decorada con 12 estrellas, en representación de los 12 apóstoles. Simboliza su realeza celestial, como Reina del Cielo y de la Tierra.

  1. Santos

En algunas ocasiones, la Virgen María y el Niño Jesús aparecen acompañados de Santo Domingo de Guzmán, quien es representado a los pies de la Virgen, recibiendo el Rosario. Según la tradición, la Virgen entregó el rosario a Santo Domingo, promoviendo su uso como arma espiritual.

  1. Flores y estrellas

En algunas representaciones hay flores, especialmente rosas, alrededor de la Virgen, así como estrellas en su manto o alrededor de su cabeza. Las rosas simbolizan el amor y la pureza, mientras que las estrellas subrayan su papel como Reina del Cielo.

  1. Manto azul

La Virgen suele aparecer vestida con un manto azul o dorado, simbolizando su pureza y dignidad. El manto también simboliza su protección y el refugio que ofrece a los fieles que buscan su intercesión.

En resumen:

La historia de la Batalla de Lepanto, donde el cristianismo obtuvo la victoria al encomendarse a la Virgen María, nos deja unas enseñanzas:

El poder de la oración como arma espiritual: A pesar de que la flota cristiana era superada en número por el Imperio Otomano, la intercesión de la Virgen, solicitada a través del rezo del rosario, señaló la idea de que fe puede cambiar el curso de los acontecimientos.

La unidad en la fe para enfrentar grandes desafíos: La devoción a la Virgen del Rosario unió a los creyentes de toda Europa en un momento crucial. Ante los grandes desafíos, la comunidad de fe debe permanecer unida, confiando en la guía divina para enfrentar las pruebas y superar obstáculos aparentemente imposibles.

La intercesión de María como madre protectora: Tras Lepanto se reforzó la creencia en el papel de la Virgen María como intercesora ante Dios y protectora de los fieles. Nos recuerda que la Virgen María es una madre que cuida y protege a aquellos que acuden a ella.

EVANGELIOS DEL MES DE OCTUBRE

Primer Domingo: Mateo (21,33-43): Dios, ha plantado una viña, una comunidad nueva

El evangelio nos propone la parábola de los viñadores homicidas y está en continuidad con los textos del evangelio de Mateo que muestran las polémicas de Jesús con los dirigentes judíos antes de la pasión.

Se identifica claramente a los viñadores con los jefes del pueblo. El «vosotros» del v. 43 indica que los dirigentes religiosos del judaísmo, rechazando a Jesús, han perdido su última oportunidad de dar a Dios lo que correspondía y, de esa forma, han arrastrado a todo el pueblo en su infidelidad como aparecerá claramente en el juicio ante Poncio Pilato. La segunda parte de la sentencia anuncia el traspaso de la viña que no se hará a «otros dirigentes» sino a un nuevo «pueblo que produzca frutos» (v. 43). Esto es importante para entender esta parábola, no solamente porque los cristianos debemos rechazar todo antisemitismo, sino porque es verdad que la decisión final de condenar a Jesús estuvo en manos de «dirigentes» ciegos para ver e imposibilitados para acoger palabras proféticas como las de Jesús sobre Dios y sobre el Reino.

Esta parábola, con sus transformaciones en la comunidad cristiana después de la pasión de Jesús, es una puerta abierta siempre a la conversión, a la esperanza. Quien entiende que esta parábola nos introduce en un mundo donde sólo hay vida cuando no se vive a costa de otras vidas, habrá dado con esa puerta abierta a la esperanza, a la fraternidad, a la paz y a la justicia.

Pero no podemos evitar sacar conclusiones muy significativas para ahora y para todos los tiempos. La religión que mata o permite guerras en nombre de Dios, no es exactamente «religión». Por eso esta es una parábola que debe leerse clara y contundentemente contra los fundamentalismos religiosos que amenazan tan frecuentemente a los pueblos y a las culturas. Y si Jesús fue eliminado, creyendo los dirigentes que daban gloria a su Dios, se encontraron con que esa muerte se ha convertido en la «piedra angular» de una religión nueva de amor y de paz. Y los asesinos fundamentalistas, pues, quedarán sin Dios y sin religión.

Segundo Domingo: Mateo (22,1-14): Un banquete para la libertad

El evangelio del banquete que un rey da por la boda de su hijo es una de las parábolas más sofisticadas del evangelio de Mateo. Mateo nos habla de un rey, rechazado por los magnates, y tras ser maltratados y asesinados algunos de sus criados, manda atacar y destruir la ciudad. Ahora se debe ir a los cruces de los caminos para instar a los transeúntes a que vengan al banquete. Como es lógico, vinieron toda clase de gentes, buenas y malas. ¿Qué significa, pues, que tras esta invitación tan generosa e informal, el rey venga a la sala del banquete y encuentre a uno que no tiene traje de bodas? Esto cambia el sentido de la interpretación de los vv. 1-10, cuando la sala se llenó de invitados, poniendo de manifiesto que incluso los que no estaban preparados son invitados a un banquete de bodas. Aquí nos encontramos con lo más extraño, quizás lo más importante y original de la parábola de Jesús redactada por Mateo.

Estaríamos ante una reconstrucción alegorizante para la comunidad de Mateo, que saca unas consecuencias nuevas para los miembros de esa comunidad cristiana tan particular, con objeto de que sepan responder siempre a la llamada que se les ha hecho. Pensemos en la «justicia» de las buenas obras, del compromiso constante, de la perseverancia, a lo que es muy dada la teología del evangelio de Mateo. En todo caso no debemos perder de vista que la parábola la pronunció Jesús para poner de manifiesto la fiesta de la libertad de Dios que llama a todo el que encuentra.

El banquete no es un acto burlesco, sino que Jesús piensa en el festín de la salvación; no en una fiesta de compromiso, sino de libertad. En ese supuesto, hasta el hombre que no lleva vestido de boda, independientemente de la teología de Mateo, habría que entenderlo, hoy y ahora, como que no está allí como los demás, libre para la gracia de Dios. Quien no posea esa actitud, “ese vestido”, estará echando por tierra la fiesta de la libertad y de la gracia.

Tercer Domingo: Mateo (22,15-22): La dignidad humana no se compra, es un don

El evangelio de Mateo, hoy, nos sitúa en el corazón de las polémicas que Jesús mantiene con los dirigentes en Jerusalén y que los evangelistas sitúan al final de su vida, precediendo a la pasión. Esta vez querían comprometerlo a fondo con las autoridades romanas, que vigilaban ferozmente cualquier movimiento social o político para castigar cualquier rebeldía. Oponerse al César, incluso en nombre de Dios, era ir contra la «pax romana».

La hierocracia y aristocracia de la ciudad santa mandan sus espías para poder deshacerse de este profeta galileo que anuncia el Reino de Dios, pero que no coincide con el reino de Roma, ni con el concepto que tienen del mismo algunos partidarios de la revolución contra Roma, ni específicamente con el reino que ellos quieren manipular en nombre de Dios. Es verdad que Jesús parecía estar en un callejón sin salida: frente a Poncio Pilato, frente a las autoridades, frente a los revolucionarios nacionalistas, frente a todos. No obstante, él la encontró; la encontró recurriendo a las dignidad humana que Dios ha puesto en el corazón de toda persona como imagen suya.

Cuando es preguntado, intencionadamente pide la moneda del tributo con la efigie del César y responde: la moneda hay que dársela al emperador; ¿por qué? Porque es el dinero, y el dinero es lo más sucio de este mundo. Los que acuñan moneda tienen poder y por el dinero dominan a los hombres. Entonces, ¿hay que someterse a él? ¡Ni hablar! Por eso añade con una intencionalidad manifiesta: «y a Dios lo que es de Dios». El dinero no es de Dios, sino que de Dios somos nosotros mismos, y por lo mismo nosotros solamente debemos estar sometidos a Dios. La trampa la resuelve Jesús, no solamente con inteligencia, sino con sabiduría, donde salta por los aires la legalidad con la que pretenden acusarlo en su caso. La respuesta de Jesús no es evasiva, sino profética; porque a trampas legales no valen más que respuestas proféticas.

Aquí Jesús responde con una afirmación liberadora que solamente pueden captar los que no están cegados por el poder, el dinero, el odio y la injusticia.

Cuarto Domingo: Mateo (22,34-40): La ética del amor

El evangelio de Mateo de este domingo nos ofrece la disputa sobre el mandamiento más importante. Lo que asombra en el texto evangélico es la seguridad soberana con que afirma que no hay preceptos como estos, porque en ellos se apoya toda la ley y los profetas. El texto dice que el amor al prójimo es «semejante» al primero, dando a entender un orden lógico, pero sin disminuir su importancia. Es más, aquí Jesús nos está llevando a la conclusión de que aunque Dios no es el hombre, lo que podemos llamar la experiencia del amor no es distinta, aunque sean distintos los objetos o las personas amadas. Lo que le da gloria a Dios, precisamente, es que amemos al hombre como lo amamos a El; tendríamos que decir que no es posible amar a Dios más que al hombre.

Es verdad que Dios quiere ser amado, necesita ser amado, como lo necesitamos cada uno de nosotros. Y es desde esa dimensión religiosa desde la que hablaba Jesús, quien con su predicación se empeñó tanto en descubrir a Dios como Padre, porque él y nosotros lo necesitamos así.

Un fraternal saludo en el Señor.

Próximos eventos

Hermandad Piedad y Estrella
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.