VENTANA DE FORMACIÓN 75. MARZO 2024

Señor de la Piedad, ya aguardan los adoquines de tus calles dominicas el ansiado paso de tus costaleros. Ya anhelan tus devotos el ansiado paso de tus pies de madera. Ya esperan…

Estrella, ya aguardan los balcones los pétalos volar sobre tu palio. Ya anhelan las esquinas de tus callejones dominicos el roce de tus faldones de espuma lucera. Ya están…

Desde la Vocalía de Formación, volvemos a encontrarnos, un mes más, con las Ventanas de Formación, con el objetivo de complementar la formación activa que la Vocalía propone para todos los cofrades con sus actividades durante todo el año.

Febrero llegó en CUARESMA y marzo morirá en PASIÓN. En estos 40 días, un camino nos lleva a un destino seguro: La Pascua de Resurrección. Nuestra Hermandad Dominica y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Piedad, en su Sagrada Presentación al Pueblo, María Santísima de la Estrella, Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo de Guzmán, prepara con ilusión y trabajo, la Cuaresma y la próxima Semana de Pasión. En este periodo cuaresmal los actos y citas cofrades se intensifican como en ningún otro momento del año y como no podía ser de otra forma.

La Cuaresma es un tiempo de actos de cultos a nuestras imágenes titulares. El Triduo a Jesús de la Piedad tendrá lugar del 1 al 3 de marzo, a las 19:30, en la Iglesia de la Purísima Concepción. En continuidad, el próximo 10 marzo se celebrará los devotos Besapié a Nuestro Padre Jesús de la Piedad y Besamanos a María Santísima de la Estrella, en la Iglesia de la Purísima Concepción y en horario ininterrumpido de 12:30 a 21:30 horas.

Por otro lado, los ensayos de costaleros del paso de palio y de misterio, se han fijado para el 15 de marzo, de 21:00 a 23:30 horas, que junto con la entrega de papeletas de sitio han sido, son y serán los anunciadores del culmen que se alcanzará con la Misa de Hermandad, Acto de las Espigas y Estación de Penitencia, el próximo 24 de marzo, Domingo de Ramos, D.m. Previamente, los pasos recorridos nos harán la espera más liviana: el 20 marzo, de 21:30-22:00, el Traslado de María Santísima de la Estrella a la Casa de Hermandad, el 21 marzo, de 20:45-22:00, el Vía Crucis con Nuestro Padre Jesús de la Piedad, y  el  23 marzo, de 18:00-21:00, Exposición de pasos en la Casa de Hermandad, en la plaza de la Purísima Concepción.

SIGNIFICADOS:

El citado momento culmen de la vida anual cofrade, es y será eternamente, la Estación de Penitencia o Procesión del Domingo de Ramos. Para ser rigurosos, la estación de penitencia es el nombre que se da a la procesión que las hermandades de Pasión realizan en Semana Santa por las calles, siempre y cuando durante su recorrido la cofradía haga visita (de aquí el término «estación») al menos a un templo. En caso de no producirse dicha estación, el término procesión de penitencia suele ser el más adecuado. Como bien sabemos, lamentablemente en Jaén no existe la posibilidad de visita a la Catedral, por lo que la procesión de penitencia discurre en su totalidad por las calles. ¿Pero qué es una procesión? Una procesión es un desfile religioso de personas que hacen un recorrido de un lugar a otro como muestra de su creencia y de su fe religiosa. Cualquier desfile procesional responde, sin más, al deseo humano de exteriorizar la fe y el culto con la dignidad y grandeza que merece como tal. Toda procesión despierta, por si misma, un gran interés popular, porque en ella desfila simbólicamente la sociedad misma. En sus filas están representados todos y cada uno de los estamentos e instituciones sociales: religiosas, políticas, militares, civiles, etc.

Lo de las procesiones no es cosa de ayer, ni siquiera del siglo XVI. Su espejo son las paradas militares (romanas por ejemplo) pero también las de tipo religioso en honor a los dioses, por ejemplo Diana. Las órdenes mendicantes medievales se propusieron exteriorizar la religiosidad, como por ejemplo realizando los autos sacramentales. Es el momento de sacar las imágenes sagradas fuera de los templos, cosa que gustó tanto como para ser munición antiprotestante tras Trento, porque sabido es como las procesiones de Semana Santa surgen a raíz del Concilio de Trento (1545) que potencia la imaginería sagrada al máximo, utilizándola como elemento representativo de la pastoral. Las hermandades penitenciales cobran un gran auge. Las procesiones de los siglos XV y XVI eran muy sobrias y se realizaban solo durante la madrugada del Jueves al Viernes Santo, momento cumbre de la Semana Santa. Cuando el rey Carlos III prohibió los disciplinantes, con sus autoflagelaciones, estas celebraciones quedaron reducidas a procesiones en las que los cofrades alumbraban con los cirios a las imágenes portadas por otros miembros de las cofradías y acompañadas por los cantos del clero. Costumbre que se conserva hoy en día.

Las cofradías organizan, con sus titulares, la puesta en escena según un ritual protocolario y ancestral. En general cuentan, por lo común, con dos pasos: el primero, dedicado a Cristo y el segundo a la Virgen. La salida del cortejo procesional, organizado con anterioridad, se inicia con la Cruz de guía, flanqueada por dos faroles. Es una cruz grande de metal o madera, plana en general aunque las hay de tipo arbóreo, ornamentada con labores de orfebrería o símbolos pasionarios y llevando en su extremo superior la iniciales “INRI” (Iesus Nazarenus Rex Juaorum). Tras ella, en silencio y en fila de dos, los hermanos que portan cirios o hermanos de luz que mantienen su anonimato (función que data del siglo XVII) a lo largo de todo el recorrido gracias a la túnica  y el antifaz con capirote cuya altura es fijada por la hermandad. El cortejo se articula en varios tramos marcados por variadas y vistosas insignias que separan los distintos tramos. En ellos se encargan del orden y buen discurrir, los diputados , que itineran con sus palermos (bastón con el que dan la señal de parada o marcha a la comitiva)  o varas, y cestas de mimbre donde llevan los útiles necesarios para encender los cirios. Acompañan al primer paso: el Senatus Populusque Romanus, S.P.Q.R., emblema del poder romano que dictó sentencia. Es un enseña de carácter histórico, no religioso, formado por un vástago rematado por el águila imperial, de cuya parte superior pende un banderín de tela bordada o de metal labrado; le siguen banderas, algunas de ellas recuerdan su vinculación con órdenes religiosas, e insignias propias de cada hermandad; el Estandarte o Pendón, símbolo de la corporación, es una bandera plegada donde figura el blasón de la cofradía que se recoge sobre un asta rematada por una cruz. Siguen las bocinas o trompetas cuya función es meramente decorativa siendo de metal plateado y repujado adornándose con paños bordados. En la antigüedad  se utilizaban para dar la señal de parada o marcha de la comitiva y evocaban las tubas que precedían a los ejércitos romanos. Delante del paso se colocan los ciriales  en número de cuatro o seis. Son pértigas de metal labrado donde se dispone, en su extremo superior, un cirio corto o codal, portados por acólitos dirigidos por el pertiguero. Aquí se sitúan también otros acólitos y servidores que, vestidos de librea, portan los incensarios y navetas. Por último, la presidencia con el Hermano Mayor y oficiales de la junta de gobierno que portan varas.

El paso de la Virgen es acompañado también por tramos de hermanos de luz  o nazarenos, que pueden o no lucir capa sobre túnica. Túnica que puede ser simple o de cola. Ahora,  abre camino la Cruz Parroquial o manguilla entre ciriales y colocada en el centro  de la procesión, si la cofradía tiene un solo paso.  Se trata de una pértiga rematada por un crucifijo al que también puede añadir a su vez un paño oscuro. Luego pasa el Sine Labe o Simpecado, la insignia mariana por excelencia que, en algunas ocasiones, son dos insignias diferentes. El Simpecado se impone, poco a poco, a imitación de la cofradía del Silencio de Sevilla, que lo consagró como recordatorio perenne del voto concepcionista de 29 de septiembre de 1.615.

A continuación el Libro de Reglas o Estatutos, donde se recogen  los estatutos por los que se rige la hermandad. Suele ir encuadernado en terciopelo con cantoneras y el escudo de metal, aunque sus guardas pueden ser confeccionadas  de orfebrería. Su presencia es un recuerdo de los antiguos conflictos en que entraban las distintas cofradías y para acreditar la antigüedad de cada una de ellas y por consiguiente el derecho a pasar antes que otras.  Presidencia, Ciriales, incensarios, bocinas acompañan al  paso de palio en su delantera. Por último, cierra el desfile, la banda de música.

EVANGELIOS DEL MES DE MARZO

Primer Domingo: Evangelio: Juan (2,13-25): Jesús busca una religión de vida

El relato de la expulsión de los vendedores del templo, en la primera Pascua “de los judíos” que Juan menciona en su obra, es un marco de referencia obligado del sentido de este texto joánico. Es de esa manera como se construyen algunas ideas de nuestro evangelio: Pascua, religión, mesianismo, culto, relación con Dios, vida, sacrificios. Jesús expulsa propiamente a los animales del culto. No debemos pensar que Jesús la emprende a latigazos con las personas, sino con los animales; Juan es el que subraya más este aspecto. Los animales eran los sustitutos de los sacrificios a Dios. Por tanto, sin animales, el sentido del texto es más claro: Jesús quiere anunciar, proféticamente, una religión nueva, personal, sin necesidad de “sustituciones”. Por eso dice: “Quitad esto de aquí”.

Desde luego, es un acto profético y no podemos menos de valorarlo de esa forma: en el marco de la Pascua, la gran fiesta religiosa y de peregrinación por parte de los judíos piadosos a Jerusalén. Está ahí, en el corazón del evangelio, para ser una crítica de nuestra “religión” sin corazón con la que muchas veces queremos comprar a Dios. Es la condena de ese tipo de religión sin fe y sin espiritualidad que se ha dado siempre y se sigue dando frecuentemente. Ahora, Jesús, con esta acción simbólico-profética, como hacían los antiguos profetas cuando sus palabras no eran atendidas, quiere llevar a sus últimas consecuencias el que la religión del templo, donde se adora a Dios, no sea una religión de vida sino de… vacío. Por eso mismo, no está condenando el culto y la plegaria de una religión, sino que se haya vaciado de contenido y después no tenga incidencia en la vida.

Este episodio no es otra cosa que la propuesta de Jesús de una religión humana, liberadora, comprometida e incluso verdaderamente espiritual. Aquí, con este episodio (aunque no sólo), lo sabemos, Jesús se jugó su vida en “nombre de Dios” y le aplicaron la ley también “en nombre de Dios”. ¿Quién llevaba razón? Como en el episodio se apela a la resurrección (“en tres días lo levantaré”), está claro que era el Dios de Jesús el verdadero y no el Dios de la ley. Esta es una diferencia teológica incuestionable, porque si Dios ha resucitado a Jesús es porque no podía asumir esa muerte injusta. Pero sucede que, a pesar de ello, los hombres seguimos prefiriendo el Dios de la ley y la religión del templo y de los sacrificios de animales. Jesús, sin embargo, nos ofreció una religión de vida.

Segundo Domingo: Evangelio: Juan (3,14-21): De la noche a la luz, con Cristo

El evangelio, sobre el diálogo con Nicodemo, el judío que vino de noche (desde su noche de un judaísmo que está vacío, como se había visto en el relato de las bodas de Caná), para encontrar en Jesús, en su palabra, en su revelación, una vida nueva y una luz nueva, es una de las escenas más brillantes y teológicas de la teología joánica. Es importante tener en cuenta que Nicodemo es un alto personaje del judaísmo, aunque todo eso no esté en el texto de hoy que se ha centrado en el discurso de Jesús y en sus grandes afirmaciones teológicas, probablemente de las más importantes de este evangelio.

Aportan, pues, una reflexión del evangelista y no palabras de Jesús propiamente hablando. Esto puede causar sorpresa, pero es una de las ideas más felices de la teología cristiana. Dios ha entregado a su Hijo al mundo. En esto ha mostrado lo que le ama. Además, Dios lo ha enviado, no para juzgar o condenar, sino salvar lo que estaba perdido.

El evangelio de Juan es muy sintomático al respecto, ya que usa muchas figuras y símbolos (el agua, el Espíritu, la carne, la luz, el nacer de nuevo, las tinieblas) para poner de manifiesto la acción salvadora de Jesús. El diálogo es de gran altura, pero en él prevalece la afirmación de que el amor de Dios está por encima de todo. Aquí se nos ofrece una razón profunda de por qué Dios se ha encarnado: porque ama este mundo, nos ama a nosotros que somos los que hacemos el mundo malo o bueno. Dios no pretende condenarnos, sino salvarnos. Dios no lleva al destierro, Dios no condena, Dios, por medio de su Hijo que los hombres hemos “elevado” (para usar la terminología teológica joánica del texto) a la cruz, nos salva y seguirá salvando siempre. El juicio no está en que al final se nos declare buenos o perversos, sino en aceptar la vida y la luz donde está: en Jesús

Tercer Domingo: Evangelio (Juan 12,20-33): La hora de la verdad es la hora de la muerte y ésta, de la gloria

El texto de Juan nos ofrece hoy una escena muy significativa que debemos entender en el contexto de toda la «teología de la hora» de este evangelista. La suerte de Jesús está echada, en cuanto los judíos, sus dirigentes, ya han decidido que debe morir. Pero el Jesús del evangelio de Juan no se deja dar muerte de cualquier manera; no le roban la vida, sino que la quiere entregar El con todas sus consecuencias. Por ello se nos habla de que habían subido a la fiesta de Pascua unos griegos, es decir, unos paganos simpatizantes del judaísmo, “temerosos de Dios”, como se les llamaba, que han oído hablar de Jesús y quieren conocerle, como le comunican a Felipe y a Andrés. Es entonces cuando Jesús, el Jesús de san Juan, se decide definitivamente a llegar hasta las últimas consecuencias de su compromiso. El judaísmo, su mundo, su religión, su cerrazón a abrirse a una nueva Alianza había agotado toda posibilidad.

Muchos comentaristas han visto aquí, adelantado, el Getsemaní de Juan que no está narrado en el momento de la Pasión. En eso caso puede ser considerado como la preparación para la “hora” que en Juan es la hora de la muerte y esta, a su vez, la hora de la gloria. Ya está decidida la muerte, pero esa muerte no llega como ellos creen que debe llegar, sino con la libertad soberana que Jesús quiere asumir en ese momento. Por tanto, era como si se Él esperara un momento como este para ir a la muerte: ha llegado la hora que se ha venido preparando desde el comienzo del evangelio, es la hora de la verdad, de la pasión-glorificación. Y Jesús, con una conciencia absoluta de su misión, nos habla del grano de trigo, que si no cae en tierra y muere, no puede dar fruto. La vida verdadera solamente se consigue muriendo, dándola a los demás. Sino porque la muerte de Jesús le confiere un poderío inconmensurable. La muerte no se la imponen, no es la consecuencia de un juicio injusto o inhumano, sino porque es el mismo Jesús quien la “busca” como el grano de trigo que necesita morir para “tener vida” y porque provoca el juicio sobre el mundo, sobre la falsedad del poder y la mentira del mundo. La hora de Jesús es la hora de la cruz, porque es la hora de la verdad de Dios. Y entonces, la mentira del mundo quedará al descubierto. Pero Jesús “atraerá” a todos los hombres hacia El, hacía su hora, hacia su verdad, hacia su vida nueva.

Cuarto Domingo: Evangelio Marcos (14-15): Pasión según San Marcos

Hoy la lectura de la Pasión según san Marcos debe ser valorada en su justa medida. La lectura, en sí, debe ser “evangelio” mismo y nosotros, como las primeras comunidades para las que se escribió, debemos poner los cinco sentidos y personalizarla. La pasión según San Marcos es el relato más primitivo que tenemos de los evangelios, aunque no quiere decir que antes no hubiera otras tradiciones de las que él se ha valido. El marco es las fiestas de Pascua que se estaban preparando en Jerusalén (faltaban dos días) y los sumos sacerdotes no querían que Jesús muriera durante la “fiesta”, tenía que ser antes; el relato, no obstante, arreglará las cosas para que todo ocurra en la gran fiesta de la Pascua de los judíos. Los responsables, dice el texto, “buscaban cómo arrestar a Jesús para darle muerte!. Era lo lógico, porque era un profeta que iba muy por libre. Era un profeta que estaba en las manos de Dios. Esto era lo que no soportaban. Marcos estructura el relato de la pasión y muerte de Jesús con un tríptico introductorio (14,1-11), seguido de dos relatos en paralelo, situados el mismo día (14,12), que le sirven para mostrar la misma realidad bajo dos aspectos diferentes. En el primer relato (14,12-26) se expone en clave teológica la voluntariedad y el sentido de la entrega de Jesús (eucaristía); en el segundo (14,17-15,47) describe su entrega en forma narrativa. El tríptico introductorio está enmarcardo por la decisión de los dirigentes de dar muerte a Jesús (14,1-2) y la traición de Judas (14,10-11); en medio se encuentra la escena de la unción en Betania (14,3-9). El primer relato de la pasión (14,12-26), en clave teológica, forma también un tríptico, enmarcado por la preparación de la última cena (14,12-16) y la eucaristía (14,22-26); en el centro, la denuncia del traidor (14,17-21), en contraste con la figura de la mujer que unge la cabeza de Jesús (14,3-9). Este primer relato expresa la voluntariedad de la entrega y muerte de Jesús. Al ofrecer a los discípulos «su cuerpo» (= su persona), los invita a tomarlo a él y a su actividad como norma de vida; él mismo les dará la fuerza suficiente para ello (pan/alimento). Al darles a beber «su sangre», expresión de su entrega total, los invita a comprometerse, como él, en la salvación y liberación de los hombres, sin regateos y sin miedo a la muerte. El relato termina encaminándose todos hacia el Monte de los Olivos, símbolo del estado glorioso (cfr. 11,1; 13,3) que constituye la meta de Jesús y de todos cuantos lo sigan en el compromiso. El segundo relato de la pasión (14,27-15,47), en forma narrativa, se compone de un tríptico inicial (14,27-52) y tres secciones: el juicio ante el Consejo Judío (14,53-72), el juicio ante Pilato (15,1-21), y la ejecución de la sentencia (15,22-47).

El tríptico inicial consta: a) 14,27-31: predicción de la huida de los discípulos y anuncio de la negación de Pedro, b) 14,32-42: llegada a Getsemaní; oración de Jesús e insolidaridad y distanciamiento de los discípulos; Jesús desea un final diferente, pero acepta desde el principio lo que el Padre decida; el Padre no puede impedir su final porque su amor al hombre no fuerza la libertad humana, c) 14,43-50: prendimiento de Jesús y defección de todos los discípulos; hay un intento de defender a Jesús con la violencia, que él rechaza tajantemente; la detención de Jesús muestra la mala conciencia de las autoridades judías, que no se han atrevido a apresarlo en público. El tríptico termina con un colofón (14,51-52), mediante el cual, en el momento de comenzar la pasión. La tercera sección (15,22-47) describe la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús.

El recorrido por los relatos de la pasión del Señor, que Marcos ha preparado con tres anuncios a través de su marcha hacia Jerusalén, no debería sorprender a sus discípulos, pero, sin embargo, les desconcertará de tal modo, que abandonarán a Jesús, lo negarán, como en el caso de Pedro, y marcharán Galilea. Parece como si la última cena con los suyos no hubiera sido más que un encuentro al que estaban acostumbrados, cuando en ella Jesús les ha adelantado su entrega más radical. A la hora de la verdad, en el Calvario, no estarán a su derecha los hijos del Zebedeo, como arrogantemente le habían pedido al maestro camino de Jerusalén (10,35-40), sino dos malhechores. Esto obliga a Marcos a que el reconocimiento de quién es Jesús, en el momento de su muerte, lo pronuncie un pagano, un ateo, el centurión del pelotón romano de ejecución, quien proclama: «verdaderamente este hombre era el hijo de Dios» (15,39).

Todos los aspectos de la lectura de la pasión en Marcos, entre otros muchos posibles, muestran esa teología de gran alcance cristiano, semejante a aquella que encontramos en Pablo, en la carta a los Corintios: «su fuerza se revela en la debilidad». Es lo que se ha llamado, con gran acierto, la sabiduría de la cruz, que es una sabiduría distinta a la que buscaban los griegos y los judíos. El Dios de la cruz, que es el que Marcos quiere presentarnos, no es Dios por ser poderoso, sino por ser débil y crucificado. Es evidente que este es un Dios que escandaliza; por ello se ha permitido que sea un pagano quien al final de la pasión, en el fracaso aparente de la muerte, se atreva a confesar al crucificado como Hijo de Dios. Sin duda que el relato de la pasión de Marcos busca su punto más alto en la muerte de Jesús como una «teofanía», en cuanto revela el poder de Dios que se manifiesta en la debilidad. Marcos pone de manifiesto, pues, que la lógica de Dios es muy distinta de la lógica humana.

FRASES PARA REFLEXIONAR:

  • la propuesta de Jesús de una religión humana, liberadora, comprometida e incluso verdaderamente espiritual.
  • prevalece la afirmación de que el amor de Dios está por encima de todo
  • Ya está decidida la muerte, pero esa muerte no llega como ellos creen que debe llegar, sino con la libertad soberana que Jesús quiere asumir en ese momento.
  • «su fuerza se revela en la debilidad»

Un fraternal saludo en el Señor.